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Actualidad

03/01/19

Cuando las empresas pueden hacer muy poco ante una crisis

A partir de ahí el caos mismo. Incluso con aquellos sectores que cierran el año con un balance positivo sufrieron de mil maneras diferentes –aunque todos con casi los mismos problemas- uno de los peores años de la economía argentina.
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A finales de 2017 cerrábamos el año con un trimestre de crecimiento y perspectivas de recuperación importantes. El buen ánimo general presagiaba el comienzo de la tan ansiada recuperación. Nada hacía prever la tormenta perfecta que se estaba gestando. Nadie sabe muy bien por qué ni cómo, pero a los pocos meses se producía una primera devaluación, después una segunda y todo se desmadró. A partir de ahí el caos mismo. Incluso con aquellos sectores que cierran el año con un balance positivo sufrieron de mil maneras diferentes –aunque todos con casi los mismos problemas- uno de los peores años de la economía argentina. La mayor decepción es el poco margen de maniobra que tienen las PYMES para atravesar este momento. Más, no se puede achicar sin que haya consecuencias graves. Más no se puede esperar a que el esfuerzo sea compartido por todos. El año pasado lo dijimos y este año lo repetimos. La política (en todos los órdenes) es la gran indiferente al contexto actual. Por más discursos de “ajustes”, la verdad son los hechos. Y de hechos, no hay nada. O al menos, no lo demuestran.

Cansancio. Agotamiento. Decepción. Frustración. Impotencia. HARTAZGO.

Son las sensaciones que aparecieron una y otra vez en cada una de las conversaciones que mantuvimos con los empresarios que éste año son protagonistas del sondeo que hacemos habitualmente. Es un sondeo, no una encuesta. No hay base científica. Pero es altamente demostrativa de la gran mayoría de los sectores económicos que intervienen en la Provincia. De los verdaderos sectores responsables de producir y conseguir los recursos para que el andamiaje del país, la provincia y los municipios sigan funcionando.

Son los protagonistas –desde pequeños comerciantes hasta los principales industriales referentes del país en su sector-, de tener sobre sus espaldas que cargar una estructura elefantiásica cuyo peso es insostenible, ni siquiera con la carga tributaria más alta que ha tenido el país en su historia.

Son las personas de carne y hueso, vecinos que se mueven solos todos los días –sin custodia, sin ejércitos de fotógrafos, periodistas, secretarios o aduladores profesionales que los siguen a donde vayan-, para encontrar la fórmula mágica de seguir manteniendo en pie sus emprendimientos a cualquier precio, incluso al de perder su salud.

Son los que reciben las críticas de avaros, insensibles, especuladores y terroristas profesionales contra la salud y el medio ambiente cuando quieren hacer algo más por su negocio, que también es por su ciudad y su comunidad. Nada se hace solo. No hay crecimiento individual si no crecemos colectivamente. Pero qué fácil es criticar.

El peor año, casi de un día para el otro
La primera y obligada pregunta de todos los años es el balance. Cómo les fue a cada uno. El Mal, Regular, Bien o Muy Bien tiene sus explicaciones en el contexto y en la actividad de cada uno. Desde 2010 a la fecha, éste ha sido el peor año de todos. Solamente el 54% de los entrevistados manifestó que había logrado atravesar 2018 con un balance Bueno o Muy Bueno. Entre los primeros, la gran mayoría estuvo justo en el límite de esa calificación, casi cayéndose al Regular. El 46% restante no pudo aprobar y sintió que retrocedió (Gráfico 1).

En datos que fueron muy similares a los enunciados por nuestros entrevistados, la Unión Industrial de Entre Ríos emitió sobre finales de noviembre un informe del tercer trimestre del año, donde todavía se estaba gestando la caída tremenda que está teniendo el consumo y la actividad en el país.

Al 52% de las industrias les cayeron las ventas y solamente el 15% las aumentó; el 48% redujo sus capacidades de producción y, otra vez, el 15% las incrementó. 1 de cada 4 industrias tuvo que reducir su planta de personal mientras que apenas 1,2 de cada 10 tomó personal. El 36% redujo la cantidad de horas trabajadas.

Esta comparación no es año contra año. Es la comparativa entre el segundo y el tercer trimestre del mismo año.

Pero esas diferencias también se traducían en expectativas. Cuando a finales del primer semestre solamente el 15% estimaba una caída en las ventas, tres meses después el 42% creía que seguirían cayendo.

En lo que no cambió mucho fueron las preocupaciones. El 85% ponen a la carga impositiva como uno de los problemas de fondos, solamente igualado en los últimos meses por la tasa de interés y la inexistencia fáctica de financiación. En ese momento era mencionado por el 75% de los industriales y en nuestro sondeo lo manifestó el 100% de los empresarios.

Las expectativas preocupan. Si bien nunca es fácil hacer un pronóstico para el año siguiente, las empresas siempre tienen definidas las líneas por dónde transitarán el año siguiente. Este diciembre ha sido de desconcierto absoluto.

Todo aquel que emprende algo es por naturaleza optimista. Ese optimismo “mágico” (como lo llamamos en el Anuario de 2016 con un panorama bastante parecido al actual) se manifestó el año pasado y dos de cada tres entrevistados avizoraba un 2018 mejor que el año que terminaba en ese momento. Está claro que no sucedió lo que previeron. En realidad no sucedió nada de lo previsto… pero de eso van a hablar cada uno de los entrevistados en sus espacios.

Para 2019 las previsiones optimistas no llegan a la mitad de las respuestas. Solamente el 49% espera un año Igual (Bueno) o Mejor (comparado con 2018). El 46% expresó que será Igual de malo el próximo año y el 5% restante directamente dijo que será un año Peor que el que está terminando. (Gráfico 2). La explicación está en cada respuesta, pero principalmente con las primeras palabras que abrieron esta nota: cansancio, agotamiento, decepción, frustración, impotencia, HARTAZGO.

Basta de politiquería, necesitamos funcionarios que funcionen
Como es habitual también les preguntamos por política para un año que será político.

¿Hay margen para un año político en un contexto donde la crisis atraviesa en lo profundo de la sociedad? ¿Hay margen para que los funcionarios –que deben funcionar- distraigan sus horas de trabajo para hacer campaña? ¿A quién le van a hablar en la campaña? ¿Quién quiere escuchar lo que “se debería hacer” o lo que “vamos a hacer”, a pesar de que no lo hemos hecho hasta acá? ¿Quiénes sean candidatos, utilizaran recursos de sus propios bolsillos para la campaña o seguirán dilapidando el erario público (autos, viáticos, asesores, contrataciones de colectivos, carteles, publicidad, periodistas y cientos de recursos más que se utilizan en cada campaña)?

La respuesta lamentablemente es obvia. Los políticos viven de la política y una elección es su forma de presentar el CV y que los vuelvan a contratar para seguir trabajando. Tal vez en eso falla la democracia: se pasan los períodos de trabajo armando CV y no trabajando.
Prueba de ello es que solamente el 22% de nuestros entrevistados votará en las próximas elecciones de manera positiva. Eso significa que, al menos uno de los cargos electivos, tiene un candidato que le genera expectativa y está de acuerdo en votarlo.

Lo lamentable es el otro 78%. A ninguna de estas personas lo convence un solo candidato ni proyecto. De ningún nivel (ni municipal, ni provincial ni nacional). Todos votarán “al menos peor” o “para que no gane el otro”, que es lo mismo. Es un voto por la negativa. Y así estamos.

Si nos quedamos con el 22% positivo, el actual Gobernador Gustavo Bordet fue quien más respaldo obtuvo con el 41% de las nominaciones. Le siguió Frigerio con el 23% y después con mucho menos aparecieron el Vicegobernador Adan Bahl, José Luis Espert, el presidente Eduardo Macri, Felipe Solá y Adolfo Rodriguez Saa. La pregunta fue abierta y sin sugerencias de candidatos. Simplemente queríamos saber si algún político, de cualquier orden, le generaba alguna expectativa: el 78% dijo NINGUNO.

La última pregunta sobre política, y que por cuestiones obvias las respuestas no son individuales, tuvo que ver con que si creía que los políticos eran conscientes de la crisis que estamos atravesando y si estaban haciendo los ajustes necesarios en el Estado. Las respuestas fueron tan abundantes e interesantes, con algunos conceptos sumamente claros, que decidimos publicarlos como frases sueltas al finalizar todas las encuestas. Es un termómetro muy grande, preciso y cierto sobre la percepción hacia la clase política, y lo que le transmiten a la sociedad, que hoy la está pasando mal.

Cansancio. Agotamiento. Decepción. Frustración. Impotencia. HARTAZGO.

El resumen de 2018.

Que 2019 nos depare todo lo contrario, y otra vez erremos el pronóstico.
Una producción de OLEINIZAK
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