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23/07/18

De la blockchain a las criptomonedas y los contratos inteligentes

No hay dudas que la nueva palabra de moda es “blockchain” y promete ser más disruptiva que el propio internet - (Revista X-Más Edición de junio)
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Blockchain –o cadena de bloques, en su traducción-, es una tecnología que permite la transferencia de datos digitales con una codificación muy sofisticada y de una manera completamente segura. Pero además, contribuye con una tremenda novedad: esta transferencia no requiere de un intermediario centralizado que identifique y certifique la información, sino que está distribuida en múltiples nodos independientes entre sí que la registran y la validan sin necesidad de que haya confianza entre ellos. Una vez introducida, la información no puede ser borrada, solo se pueden añadir nuevos registros y no serán legitimados a menos que la mayoría de ellos se pongan de acuerdo para hacerlo.

Junto al nivel de seguridad que proporciona este sistema frente a hackeos, tiene otra enorme ventaja: aunque la red se cayera, con que solo uno de esos ordenadores o nodos no lo hiciera, la información nunca se perdería.

¿Qué es entonces la cadena de bloques? Es un gigantesco libro de cuentas en que los registros (los bloques) están enlazados y cifrados para proteger la seguridad y privacidad de las transacciones. Es, en otras palabras, una base de datos distribuida y segura (gracias al cifrado) que se puede aplicar a todo tipo de transacciones que no tienen por qué ser necesariamente económicas.

Los expertos comparan la llegada del blockchain con hitos como la integración de los ordenadores en el uso doméstico o el desarrollo de Internet, es decir, un sistema que cambiará nuestra forma de entender los negocios y la sociedad.

Esta es la plataforma que se encuentra por detrás de las criptomonedas y que les ha permitido su desarrollo.

Las criptomonedas son monedas virtuales. Pueden ser intercambiadas y operadas como cualquier otra divisa tradicional, pero están fuera del control de los gobiernos e instituciones financieras. Existe un gran número de criptodivisas disponibles, todas con sus propias características y aplicaciones. Las criptomonedas pueden ser consideradas como una alternativa a las divisas tradicionales pero en realidad fueron concebidas como una solución de pago completamente convencional. Aunque es cierto que su validez como método de pago es fundamental para su valor, las criptomonedas habitualmente se parecen más a materias primas como el oro.

El valor de una criptomoneda no está vinculado exclusivamente al comportamiento de una economía concreta. Los cambios en los tipos de interés y el aumento en las reservas monetarias solo tienen un efecto indirecto en su valor. El valor de las criptomonedas depende del compromiso de los usuarios por mantener su precio al convertirlas a divisas tradicionales. Es por eso que, al menos por ahora, que las criptodivisas son tratadas principalmente como una materia prima.

El Bitcoin es una moneda, como el euro o el dólar estadounidense, que sirve para intercambiar bienes y servicios. Sin embargo, a diferencia de otras monedas, Bitcoin es una divisa electrónica que presenta novedosas características y destaca por su eficiencia, seguridad y facilidad de intercambio. Su mayor diferencia frente al resto de monedas radica en que es una moneda descentralizada, por lo que nadie la controla. Bitcoin no tiene un emisor central como los dólares o los euros. La criptomoneda es producida por personas y empresas alrededor del mundo dedicando gran cantidad de recursos a la minería. De ahí también su parecido a una materia prima como el oro.

Minar criptomonedas es el proceso a través del cual las transacciones de criptomoneda se verifican y se ofrecen nuevas unidades. El objetivo de los mineros es recopilar las últimas transacciones en bloques (es decir, conjuntos de transacciones verificadas –blockchain) y encontrar una solución a un complejo algoritmo. Haciendo esto se obtiene una recompensa: una cantidad fija de criptomoneda. La solución a este algoritmo supone un proceso continuo y depende de los resultados de algoritmos anteriores para poder realizar el siguiente cálculo. Del mismo modo, la dificultad del algoritmo puede ser (y es) ajustada frecuentemente, con el fin de hacer que el trabajo de los mineros sea constante. Esto se asemeja al ritmo al que materias primas como el oro entran en el mercado (de ahí el término “minar”).

Hoy existen miles de criptomonedas, donde Bitcoin y Ethereum son las más reconocidas. Pero, sin duda alguna, seguirán apareciendo nuevas. Cuando alguien decide crear una nueva criptomoneda primero hace un diseño de la misma y luego la implementa a través de un software. Por último pone ese software a disposición de la comunidad para que aparezcan los mineros que soporten la actividad de la misma.
Todo el proceso tiene un costo y una forma de financiar el proyecto es una ICO. Una ICO es un acrónimo que significa Initial Coin Offering (Oferta Inicial de Moneda), que es ofrecer a unos inversores iniciales las nuevas monedas a cambio de dinero. De ahí su parecido con una IPO (Initial Public Offering, que en castellano se denomina OPV, Oferta Pública de Venta, término que se utiliza cuando una empresa sale a Bolsa y quiere ofrecer las acciones a los posibles inversores a cambio de dinero; también podría decirse que es muy parecido a un crowdfunding, ya que es una comunidad de usuarios quienes financian un proyectos sin que haya intermediarios).

Por último, los contratos inteligentes o Smart Contract. Es otra de las grandes innovaciones que comienzan a aparecer y utilizarse en base a la blockchain y que está revolucionando a varias profesiones, como abogados y escribanos. Los Smart Contract son un código o protocolo informático que facilita verificar y hacer cumplir un contrato de manera automática. Estos contratos funcionan en la cadena de bloques y, a priori, no necesitan la intervención de las personas para comprobar y ejecutar su cumplimiento.

Un contrato inteligente es capaz de ejecutarse y hacerse cumplir por sí mismo, de manera autónoma y automática, sin intermediarios ni mediadores. Evitan el lastre de la interpretación al no ser verbal o escrito en los lenguajes que hablamos. Los smart contracts se tratan de “scripts” (códigos informáticos) escritos con lenguajes de programación, siendo los términos del contrato puras sentencias y comandos en el código que lo forma. Puede ser creado y llamado por personas físicas y/o jurídicas, pero también por máquinas u otros programas que funcionan de manera autónoma. Tiene validez sin depender de autoridades debido a su naturaleza: es un código visible por todos y que no se puede cambiar al existir sobre la tecnología blockchain, la cual le da ese carácter descentralizado, inmutable y transparente.
En este ámbito, actualmente Ethereum es la plataforma de smart contracts más destacada de la red.

No es futuro; es presente y está en la región
Retomando. Blockchain, criptomonedas, minería, ICO´s y Smart Contracts. Términos en su gran mayoría desconocidos en sus conceptos profundos, que hablan de un presente –no de un futuro más o menos cercano- pero que nos cuesta entender y ver de qué manera afectan o inciden en la actividad de cada una de las empresas, negocios, profesiones y personas que habitan en la región.

Y decimos que no es futuro, sino presente –y en algunos casos desde hace más de un década- porque sobre estas tecnologías se trabaja en la región. Que no lo sepamos es parte de un desconocimiento que nos hace atrasar en todos los sentidos.

Sebastián Borrás (Pathfinding SA) está convencido del potencial y la revolución que implica el nuevo concepto introducido por la blockchain, ya que vienen estudiando y empezando a realizar diferentes actividades en torno a esta tecnología. Desde trabajar en desarrollos para realizar “minería” de criptomonedas hasta estudiar el lanzamiento de una ICO propia con billetera virtual para respaldar el crecimiento de los proyectos en comercio electrónico que llevan adelante.

La tecnología avanza a pasos agigantados y estar atentos para adaptarla en cada negocio es la clave para sostener una empresa en los nuevos tiempos. “La Blockchain viene a ser una revolución más fuerte de lo que fue internet misma. Estamos a tiempo de sumarnos y para eso debemos empezar a estudiar, hablar y aprender. Se pueden generar cosas muy interesantes a nivel sociedad y a nivel educativo. Hay que poner el tema sobre la mesa, ver cómo se comportan los gobiernos con esta tecnología, qué medidas toman, qué hacen los bancos y seguir entendiendo todas las posibilidades que se abren. En definitiva, ver de qué manera podemos adaptarlo a lo que cada uno hace”, dice Borrás.
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