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Actualidad

02/11/17

¿Nos estamos preparando para la nueva educación?

El mundo avanza, el conocimiento se multiplica, las tecnologías son más disruptivas y comienzan a reemplazar al hombre de muchos lugares. La educación se mantiene igual que en el siglo XIX. ¿Qué estamos esperando como sociedad?
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El mundo avanza, el conocimiento se multiplica, las tecnologías son más disruptivas y comienzan a reemplazar al hombre de muchos lugares. La mayoría de los trabajos y profesiones sufrirán profundos cambios mañana mismo. Mientras, la educación se mantiene igual que en el siglo XIX. ¿Qué estamos esperando como sociedad para entender el nuevo mundo y adaptarnos? La resistencia al cambio no es opción. Nuestros hijos no la permiten, porque ellos ya son parte del cambio.

“Si crees que la educación es cara, intenta con la ignorancia” Derek Bok, Presidente de Harvard University

Por Martin Oleinizak

“Entrar al aula. Escuchar al profesor. Pizarrón. Carpeta. Prueba. En la escuela no había espacio para aprender cosas sobre lo que me interesaba, en mi caso ¿por qué vuelan los aviones? No había lugar. La escuela o el mundo real. La escuela o aprender. Y a todos nos pasaba lo mismo. Sentíamos que la escuela nos robaba el tiempo. Salíamos cansados, como zombis, sin ganas de hacer nada. Pizarrón. Carpeta. Prueba”.

De esta manera abría su charla TEDx Río de la Plata ante más de 2.000 personas y transmitido por la TV Pública en Tecnópolis, Julián Garbulsky, un joven de 19 años que el año pasado terminó su secundaria y hoy estudia en el primer año de la Licenciatura en Matemáticas. De por sí las charlas TED ya son un fenómeno de aprendizaje en todo el mundo.

Educar es simplemente mejorar al otro. Hablar de educación es siempre hablar de futuro, y como tal, es indispensable dedicarle tiempo, inversión y acción.

Pero ¿somos conscientes en nuestro pago chico y en el país del futuro que YA tenemos? ¿Sabemos cómo inciden en nuestras vidas y trabajos, tecnologías como la realidad virtual o la realidad aumentada, el Big Data, el internet de las cosas, las aplicaciones móviles cada vez más específicas, los robots, la inteligencia artificial o las impresoras 3D? Ni hablar de los avances en materia de medicina y neurociencias: el secuenciamiento del genoma humano, la robótica superando a la biología, la manipulación de genes para producir bebes a medida o la posibilidad ya cierta de borrar la memoria de una persona, entre infinidades de avances.

¿Cómo todos estos avances afectarán a nuestras vidas, a nuestros trabajos, a nuestras organizaciones? ¿Cómo preparamos a nuestros hijos para ese mundo?

Santiago Bilinkis –emprendedor y tecnólogo- en su libro “Pasaje al futuro” plantea el desafío que tenemos con un ejemplo sumamente esclarecedor: “Imaginemos que hoy nos dicen que clasificamos para participar de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, pero no sabemos a qué deporte. Eso recién nos lo dirán 5 minutos antes de comenzar. ¿Cómo nos preparamos para eso?”.

Todas las nuevas tecnologías buscan ayudar al ser humano, pero también pueden cambiarlo y hasta manipularlo. Por eso el rol de la educación no se limita a prepararnos como herramientas para ese mundo sino también dotarlo de la posibilidad de discernir entre aspectos morales y éticos, de educar para la paz, para la ciudadanía y los valores republicanos.

Manuel Álvarez Trongé, Presidente de la Asociación Civil Proyecto Educar 2050, se preguntaba –en una nota que realizamos en X-Más TV en el mes de julio pasado-, “¿En la Argentina nos estamos preparando para estos tremendos cambios? ¿Estamos yendo hacia ese lugar? ¿Están los docentes en esta misma línea? ¿Y la clase política y los dirigentes de las diferentes organizaciones, han tomado conciencia de estos cambios? ¿Es un tema de fin de semana que se discuta en las familias o es un tema que todos como sociedad delegamos y tercerizamos en la escuela que corresponda haciéndonos los desentendidos? Ahí comienza el gran cambio. Cuando TODOS nos demos cuenta que somos educadores, y hacer el gran cambio copernicano que necesitamos es responsabilidad también nuestra”.

Sistema Siglo XIX, docentes Siglo XX y Alumnos Siglo XXI
El modelo con el que nos educamos fue creado incluso antes del siglo XIX por el Rey de Prusia, que estableció la educación primaria gratuita y obligatoria, con el propósito de crear una clase trabajadora dócil, respetuosa de la autoridad y cuyos integrantes se acostumbraran desde niños a cumplir horarios.

Esa educación enciclopédica, donde el conocimiento era escaso y pertenecía en primera instancia al docente, se terminó. La batalla de la sabiduría la ganó internet y no el docente. En microsegundos y a través de cualquier celular, hoy se puede obtener cualquier dato específico y características principales y/o particulares de un río perdido de Asia. De la escasez pasamos a la sobreabundancia de conocimientos, que implica otros problemas.

La descripción que hace al principio de la nota Julián Garbulsky es la visión de un millennials sobre esa escuela arcaica, de un grupo de alumnos sentados, ordenados, que se quedan dormidos en sus bancos, anotando en sus cuadernos cosas sin interés que les dicta su maestro desde el frente o escribe en el pizarrón para que lo copien. El mundo está cambiando. Los alumnos han cambiado. La escuela es la misma de sus bisabuelos, abuelos y padres, porque no cambia desde hace más de 300 años. No hay que olvidar que el propósito de la escuela siempre fue “preparar a los jóvenes para el contexto que encontrarán en su vida adulta”.

La educación es la principal herramienta con la que cuentan las sociedades para modelar su futuro.

El periodista Andrés Oppenheimer en su libro “¡Crear o Morir!” entrevista a varios innovadores de diversas áreas. Entre ellos, dedica un capítulo a Salman Kahn, un profesor, informático, ingeniero eléctrico y matemático estadounidense de descendencia india de 41 años de edad, que creó en 2006 una academia gratuita on line para aprender –en un principio- matemáticas: Academias Khan.

Toda la historia de esta academia, desde cómo se origina hasta qué está haciendo, es fascinante y tiene un potencial extraordinario para aportar hacia una nueva educación. Salman Kahn dice que “el mejor maestro es el que puede sentarse al lado del alumno y cambiar su mentalidad, el que puede ser mentor de ese alumno, el que puede alentar a que tomen las riendas de su propio aprendizaje, y eso es totalmente consistente con lo que queremos hacer. Lo que propugnamos –y con más de 6.000 videos que tenemos publicados- es que los videos y las clases en el aula no sean lo más importante del proceso de aprendizaje. La parte más importante del proceso es hacer cosas, resolver problemas y tener a tu maestra, tus padres y tus compañeros para ayudarte en ese momento”.

Los ejercicios prácticos y los tableros con que los maestros o padres pueden seguir el progreso de cada alumno constituyen un avance tecnológico fundamental, porque libera al educador para dedicarle más tiempo a la interacción con el educando y permiten que las escuelas se enfoquen más en el aprendizaje individual de cada alumno.

El poder de la atención.
Quienes pertenecemos a las generaciones que convivió con la llegada de la informática padecemos el desafío de lidiar con el siglo XXI con un cerebro “cableado” en el siglo XX. Volviendo al libro de Santiago Bilinkis “Pasaje al futuro”, lo explica de la siguiente manera: “Aprendimos a pensar concentrados, en silencio, en ausencia de otros estímulos. Pero para quienes hoy son chicos, este mundo de interconexión es el único que conocieron. La multisensorialidad y la inmersividad que experimentan con videojuegos fijan la vara de estimulación muy alta, y a eso se enfrentan los maestros hoy. (…) Cual bebedores compulsivos, esa suerte de adicción a la novedad permanente hace que, apenas estamos un cierto plazo enfocados en una misma labor, nuestra mente empiece a pedirnos algo nuevo usando la herramienta más poderosa de la que dispone: la distracción. El tipo de dispersión que genera internet es perturbador y dificulta el trabajo actual en el aula. (…) La brecha creciente entre la experiencia dentro y fuera del aula es una receta para el colapso: si no empezamos a trabajar en un cambio profundo, el sistema simplemente dejará de funcionar, será imposible captar la atención de los chicos. ¿Qué relación habrá entre este fenómeno y los crecientes problemas de conducta de los que hablan padres y maestros?”.

El futuro del trabajo
Hoy estamos viviendo la cuarta Revolución Industrial o Revolución 4.0, que crece a partir de los avances en robótica, nanotecnología, internet de las cosas, la biotecnología, el Big Data, los dispositivos móviles, las impresoras 3D, los drones y la nube, por nombrar solo algunos de los elementos disruptivos de esta nueva Era.

En el libro “El futuro del trabajo y el trabajo del futuro” de Alejandro Melamed –Doctor en Ciencias Económicas, Coach y director de la consultora Humanize Consulting- explica que es una “revolución multicausal y multifocal. Es el futuro del trabajo. Que es el futuro de los modos en que se trabaja y las relaciones que a partir de este cambio acontecen. (…) Esta revolución 4.0 porta además el estigma de una antigua preocupación en los anales de la historia, sobre todo de la filosofía griega: cómo ser feliz. Las nuevas generaciones ni siquiera lo ponen en tela de juicio: ya es casi obligatorio para quienes los contratan ofrecerles un ambiente que contribuya a su felicidad y desarrollo personal. El trabajo y el desarrollo profesional no son para ellos, como suele decirse, un medio de vida; es solo una parte de su vida, en el más amplio sentido: One Life”.

El aspecto actitudinal y la necesidad de encontrar satisfacción y propósito en lo que hacen es tal vez la mayor característica de las nuevas generaciones –la Generación Y más la Generación Z como las conocemos-, son también una de las principales fuentes de disputas y desentendimiento que chocan hoy en las organizaciones. Mientras más tardemos en entender esto, más difícil será la convivencia en ellas. Para 2030, más del 50% de la fuerza laboral estará compuesta por estas generaciones.

Hasta aquí llegamos pensando que conseguir un trabajo era tenerlo de por vida. Que esa empresa iba a sobrevivir un tiempo más prolongado que su etapa laboral. Que cumplir con su horario, o sumar más horas sentadas generaban más posibilidades para aspirar a ocupar los puestos superiores que se iban desocupando, era un plan de carrera. Y esta es una de las grandes críticas que hacen los jóvenes a las actuales organizaciones relacionadas con sus modos de trabajar, en muchos casos abusivas.

Los millennials visualizan como una de las grandes posibilidades la de convertirse en emprendedores. El modelo de emprendedor se convierte cada vez más rápidamente en el modelo del futuro, y a eso apuestan.

Otro de los conceptos fuertemente cuestionado es el de las jerarquías. Los cargos tradicionales dejan de tener sentido. Melamed explica que “se está evolucionando hacia una “redarquía”, es decir que las empresas comienzan a trabajar por módulos intentando huir de la concepción fordista del trabajo repetitivo y fomentando la creatividad en todos sus niveles. Se tiende a trabajar para necesidades puntuales y por cada proyecto, con la estructura que requiera esa necesidad e intercambiando roles de mando en cada caso y acorde a las mejores capacidades de quienes integran el proyecto”.

Los profundos cambios que están llegando a empresas y organizaciones también aparecen en las profesiones. Periodistas, abogados, contadores, médicos o docentes hoy son fácilmente reemplazables por la tecnología y deben encontrar también las formas para no volverse obsoletos y adaptarse al nuevo valor que necesitan aportar a la Revolución 4.0.

Lo lineal y lo exponencial
Gordon Moore, creador en 1968 del fabricante multinacional de chips semiconductores Intel Corporation, es el creador de la Ley de Moore en la cual se basan las tecnologías exponenciales y cuyo enunciado dice que “la cantidad de transistores en un microprocesador se duplicará cada dos años”. La gran diferencia entre las tecnologías lineales –a las que estamos acostumbrados- y las exponenciales, es que las primeras si avanzan 8 escalones, las segundas en el mismo tiempo lo hacen 128 veces.

Las nuevas tecnologías están creciendo por el camino exponencial y posibilitan un salto cualitativo hacia el futuro. Estas tecnologías que duplican su avance cada dos años también abaratan sus costos en forma similar y facilitan el acceso a millones de personas a una multiplicidad de recursos antes vedados.

A estos cambios –y muchísimos más si nos metemos en profundidad en cada área- debemos adaptarnos en lo personal, en las empresas y en las instituciones.

Para toda la complejidad de este contexto debemos repensar la educación.

Qué pasa en nuestras facultades
El contador público es una de las carreras y profesiones seriamente amenazada por las nuevas tecnologías. Hoy en día, ya en nuestro país, los sistemas informáticos de las empresas y la propia AFIP ya pueden hacer automáticamente más del 80% del trabajo habitual de un contador tradicional. Las normativas impositivas y laborales es a lo que el contador dedica casi el 80% de su tiempo, y eso es lo que más se automatiza día a día. El contador debe repensar cuál es su servicio y aporte fundamental a la economía, y para eso no se está formando.
Para la actualización de los planes de estudio y la identificación de cuál será la evolución del perfil profesional del egresado, la Facultad de Ciencias Económicas (UNER) diseñó –y lleva adelante desde hace ya un par de años- un Plan Integral Estratégico Participativo “Juntos 2020”, en el cual están integrando la comunidad educativa con instituciones ligadas a la Facultad para detectar las nuevas demandas y el rol que se le puede exigir al profesional en la región para, a partir de ahí, diseñar programas que satisfagan esas necesidades.

El Decano de la facultad, el contador Andrés Sabella, igual reconoce la falencia a nivel institucional que tiene para adecuarse a los vertiginosos cambios que se suceden: “las ciencias económicas están dentro de las disciplinas tradicionales en nuestro país con una demanda casi asegurada. Esto hace que quienes estamos en los ámbitos de dirigencia universitaria y profesionales no dediquemos el tiempo necesario analizar y reflexionar respecto a cómo será el futuro de la profesión y nos quedemos estancados. La realidad es que tenemos currículas antiguas en todo el país. Si bien se han producido cambios en esencia son más de lo mismo. Y lo más preocupante es que la metodología de enseñanza y aprendizaje tampoco cambian. Para ponerlo en claro: hace un mes salieron las nuevas acreditaciones de CONEAU para contador público y abogados de todo el país. El documento base de acreditación para estas carreras reconoce su origen en un documento del año 2006, que ya se había comenzado a discutirse en 2002. Si bien el documento hoy es base 2014, no era muy diferente al de 2006. Hoy ese documento está atrasado unos 13 o 15 años”.

Sabella hizo referencia a la cuestión pedagógica y los métodos de enseñanza que tampoco cambian, y habla con conocimiento de causa: “Si yo me traslado al aula, con 25 años de matrícula, voy a impartir una clase imitando a mis profesores de la década de 1980. Pensar que esos estudiantes saldrán al mercado dentro de 5 o 6 años preparados con una metodología y manera de pensar de hace 25 años atrás, lo estamos preparando con 30 años de atraso”.
Y estamos hablando de una facultad que le ha prestado atención a estos cambios. “El alumno empuja al docente a intentar cambiar en cuestiones cotidianas, el tema es que ese cambio se produce año tras año. Ejemplo: todas las cátedras tienen su campus virtual y los docentes lo utilizan para subir su material, promover foros e incluso subir videos. Pero hoy, ya para los estudiantes de 18 a 20 años, eso ya no es atractivo, cuando hace tres o cuatro sí lo era. Con esos alumnos, hay que crear grupos de WhatsApp o Facebook. Tenemos que cambiar las plataformas de acuerdo al lugar donde están interactuando los chicos”, explica el decano.

En este esquema de tal aceleración por los cambios que propone día a día la tecnología, los docentes más jóvenes son los que más chances tienen de seguir esta carrera.
El Plan 2020 viene mostrando algunas necesidades que chocan con la rigidez del sistema educativo universitario argentino. Andrés Sabella cuenta que “deberíamos ir a currículas más flexibles, donde la obtención de créditos sea la base del modelo. Eso te permitiría incorporar temas coyunturales y regionales. Las carreras tienen contenidos rígidos mínimos y obligatorios para todo el país que no se pueden eliminar, aunque no tengan que ver con nuestra realidad. Agregar más contenido es inviable en términos de carga horaria para el alumno hasta presupuestarios”.
Cada vez más en Argentina los jóvenes eligen carreras más cortas y específicas para insertarse más rápido en el mercado laboral. En un mundo donde el capital humano ha pasado a ser lo más importante de una organización, el tratamiento de estos temas es fundamental para el desarrollo de una región. Es determinante para pensar el futuro de Entre Ríos comenzar a tomar decisiones en estos temas.

Andrés Sabella lo resume de la siguiente manera: “hay algunos debates y disparadores que se comienzan a dar y referentes que están hablando de esto. Pero si estos cambios no nacen del sistema universitario será muy difícil que nazcan de otro lado. Es nuestra obligación generar los espacios de discusión para que estos temas entren en agenda”.

¿Qué educadores estamos formando?
La escuela y el sistema educativo es el lugar donde deben comenzar a darse cambios, y esto lo reconoce la Decana de la Facultad de Ciencias de la Educación Gabriela Bergomás, “el escenario educativo está fuertemente interpelado hoy. Hay una crisis muy fuerte en relación a las formas tradicionales. Estamos hablando de uno de los espacios donde conviven estructuras con más de 200 o 300 años, por lo que es uno de los ámbitos más duros para plantear análisis en otras dimensiones. Creo que los centros de Formación Docente son los que menos respuestas están dando sobre este tema y esa es la punta del ovillo. Eso a nivel de estructura del sistema. Como reflexión general no hay duda que el mundo es otro. La interpelación de las tecnologías de la información y la comunicación ha puesto a la educación en un lugar totalmente distinto e interpela directamente sus prácticas y su faz de organización institucional. Pasamos de un escenario histórico que se conocía como la pedagogía de la escasez –donde la información era escasa-, y en muy poco tiempo nos fuimos al otro extremo con la sobreabundancia de información. Esa interpelación hace que tengamos que repensar no solamente las estructuras institucionales sino la resignificación y las coordenadas de los espacios temporales del entorno educativo, centrados en el conocimiento”.

Pero el grado de permeabilidad para afrontar ese desafío no es el más grande en el sector educativo. “Sí, es escasa la permeabilidad. Nuestro país viene de un proceso impactante de definición de políticas públicas para superar la brecha digital, que estaba centrada en la tecnología (Una computadora por cada alumno), y hoy pone énfasis en el uso de esas tecnologías”.

Además del sistema, el otro actor interpelado es el propio docente, quien debe pararse frente a una clase y captar la atención de los alumnos, quienes muchas veces hasta tienen más información que el propio docente. Bergomás dice que “el docente hoy debe reubicarse en una función más de “curador de contenidos”, debe ser quien selecciona, quien define por qué caminos seguir para encontrar la información correcta. La sobreabundancia de información es más compleja que la escasez. Además debe convivir con nuevos lenguajes, narrativas transmedia, la convergencia de información y donde todo está interrelacionado. En este nuevo espacio sucede que los alumnos suelen tener más información que el propio docente”.

Gabriela Bergomás reconoce algunos espacios donde se está comenzando a hablar del tema, incluso en la propia facultad con la articulación entre comunicación, educación y tecnologías, y la apertura de un posgrado en producción de contenidos y ambientes digitales educativos, pero admite que a nivel macro estas discusiones casi no se están dando. “No es un tema que esté en la agenda. O puede estar, pero no en los lugares de toma de decisión. Si bien el Gobierno Nacional ha lanzado un Plan Maestro de Educación con la enunciación de algunas metas y entre las cuales están presentes estos temas, no quedan claras las estrategias para llegar a concretarlas”.

Respecto a la formación de educadores y comunicadores, Bergomás dice que “somos conscientes de lo que conlleva ese desafío. El problema es que es muy difícil responder a la vertiginosidad que demanda hoy el mundo”.

Una mirada filosófica
Para una sociedad tan conservadora como la nuestra, donde un cambio en el sentido de las calles puede sacarla de quicio, pensar en la transformación que se está dando en el mundo es un ejercicio sumamente complejo.

Gustavo Lambruschini, filósofo, profesor universitario y del doctorado y maestría en educación, confirma tajante: “Somos conservadores. Es verdad que el mundo nos va a pasar por arriba si no reaccionamos. Hoy el talento y el capital humano son mucho más importante que el capital económico. Por esa razón deberíamos estar pensando cómo desarrollar esas capacidades y cómo se preparan las personas para un mundo en el que, de manera completamente inevitable, las nuevas tecnologías van a sustituir por vía de la robotización la mayor parte de los trabajos”.

Sin embargo, Lambruschini no quiere dejar de lado cuestiones fundamentales que debe tener esa nueva educación. “Lo único que habría que cuidar es de dejar enclaustrada a la educación como subsistema de la economía, como si la única función que tuviera es la de formar una persona funcional a la dinámica de la producción y el consumo. La educación no puede descuidar aspectos como la FORMACIÓN. La posibilidad que brinda a las personas de llegar a ser el ser humano que quiero ser, que deseo ser y puedo ser. La autorrealización del sujeto”.
El filósofo paranaense usa de ejemplo la educación de Sarmiento, cuya misión era “educar al soberano”, el evangelio de la fe republicana. “Si la educación se redujera simplemente a ser un apéndice de la economía y desconociera cuestiones como la formación de un ciudadano, un hombre libre, podríamos encontrarnos con seres apolíticos e ignorantes de lo que ocurre, y que no pueda entender hasta qué punto el subsistema político condiciona al subsistema económico, cosa que hemos palpado claramente en la “década ganada”. El desafío es educar a una persona integrada al mundo de la producción y el consumo de una manera inteligente y eficaz, pero sin perder de vista el concepto fundamental de crear ciudadanía”.

Para Gustavo Lambruschini el desafío que tiene por delante la educación no es nuevo, ya que la tuvo como protagonista para “crear” un país desde 1880, y lo logró en tan solo 30 años. “La educación popular de Sarmiento –con las escuelas normales-, y la de Mitre –con los Colegios Nacionales- fueron las responsables de hacer la República Argentina. En 1880 la preocupación central y definitiva del bloque de clase dominante fue la educación. Construir un país con gringos que llegaban de todo el mundo, con gustos, idiomas, culturas y habilidades diferentes era un desafío. ¿Cómo se logra sino que se conviertan en devotos del General San Martin? Esa operación se logró en muy pocos años, entre 1880 y 1910, formando un país homogéneo. El problema es que hoy la educación es despreciada”.

Lambruschini también pone el punto sobre los propios docentes y el gremio. “Uno de los sectores más retardatarios del conservadurismo que tenemos como sociedad es el gremio docente, en el sentido más medieval de la palabra –la que hace defender los privilegios feudales-. Se aferran a esos privilegios y ni sueñan con alguna clase de innovación. Debemos ver de dónde provienen hoy los docentes. En el siglo XIX la misma burguesía y clase dominante prestaba sus hijos a la docencia. Ahora se recluta de lugares donde la exposición al capital simbólico (libros, bibliotecas, revistas, diarios) es muy limitado. Observo en la facultad jóvenes incapaces de escribir sujeto, verbo y predicado, o no saben leer y menos comprender. Pero el problema es si saben leer y escribir los propios docentes. Es una cosa que nadie lo dice porque es políticamente incorrecto. Yo que he sido profesor en la maestría y doctorado, me encuentro que hay tesis que están en calidad por debajo de una tesis de licenciatura. ¿Qué doctorados y qué maestrías estamos dando? El otro argumento: los docentes cobran salarios miserables. Es cierto. Punto y aparte. ¿Qué pasa si triplicamos el salario docente? ¿Triplicamos la calidad? Lo que digo es que si queremos ser Finlandia, el lugar social donde ponemos al Profesor es fundamental. En ningún momento de toda la historia argentina hemos tenido el desprecio que tiene el bloque de clase dominante respecto de la tarea del docente, como se tiene hoy”.

Por último, el tema de la sobreabundancia de contenidos. “Es tan brutal la producción de conocimiento de estos últimos años que lo que tengo que aprender hoy es saber discernir. Me presentan 10 artículos sobre un tema y tengo que poder discriminar cuál es bueno, cuál malo o mediocre, cuál omite cosas importantes y cuál es relevante. Hoy más que nunca se necesita una competencia crítica para decir que esto es una porquería o esto es muy bueno. Para eso hay que estar formado, y de una manera mucho más refinada que antes”, concluye Gustavo Lambruschini.

El gran desafío
Hoy estamos en un mundo muy diferente al de principio de siglo, y en 10 años será mucho más diferente al actual. Los alumnos (y nosotros mismos) deberemos aprender a desaprender para volver a aprender otros contenidos, porque el aprendizaje ahora debe ser continuo durante toda la vida.

Es un desafío para toda la sociedad pero basado en la primera persona del singular. Todos tenemos el sayo. Padres, familias, medios de comunicación, docentes, dirigencias y gobiernos, entre muchos otros. El acceso al conocimiento necesitará mayores habilidades para discernir seriamente entre lo bueno, lo malo, lo ético y lo posible para el medio ambiente.

No existe ninguna institución que pueda reemplazar a la escuela capaz de llegar a todo un país y disminuir la desigualdad. Buenos docentes, directores y supervisores son la llave para liderar esos cambios, y su formación, motivación e inspiración deben ser impulsadas por el Estado. No será un cambio sencillo, máximo si sabemos que estos resultados se ven en el largo plazo y los problemas saltan desde el primer día.

Cerramos con Julián Garbulsky, este estudiante de 19 años que estuvo en las charlas TEDx Río de la Plata en Tecnópolis y su reflexión final: “Todos podemos hacer cambios como estos. Escuela, chicos y padres. Todos podemos encontrar oportunidades para cambiar. Oportunidades para lograr que la escuela no sea “copiar y repetir”; que no sea “para aprobar”… y que en vez de “pizarrón-carpeta-prueba” sea “elegir, explorar, aprender”; y así, en vez de que la escuela nos convierta en zombis, nos despierte y nos dé verdaderas ganas de aprender… aprender a componer música, a cómo hacer historietas o a entender por qué vuelan los aviones.”
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