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02/01/17

La herencia, el primer año de Macri y lo que viene

Por Gregorio Coronel - Especial para la revista X-Más - Edición 35 Anuario 2016/2017
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No hay dudas que esto se hace inevitable porque más allá de las preferencias políticas y de los resultados que finalmente se den, estamos indubitablemente frente a un cambio en el modo de administrar la economía y la política del país, con fundamentos diferentes, acciones consecuentes y además, en el marco de una modificación del contexto en el cual se desenvuelve nuestra actividad.

Al incursionar en el primero de los temas, lo ocurrido en los últimos 3 períodos de gestión gubernamental precedente, han dejado al país con una serie de distorsiones que por repetidas y profundizadas, terminaron mostrando el agotamiento de sus formas de gobernar con consecuencias que son objetivamente de solución complicada, que insumirán tiempos más o menos extensos para ello y que, como advertimos en el informe pasado, no serán neutras especialmente para los sectores más vulnerables de nuestro cuerpo social. Ante esta realidad, la sociedad optó por depositar sus expectativas en otro ideario entendido como un conjunto de proposiciones más afines con lo que una porción importante de la gente espera, incluyendo dentro de sus presupuestos la contribución con algún sacrificio (que hoy aparece más limitado) para reanudar un sendero de mayor bienestar y orden.

Decía textualmente: “Ningún enfermo que padece de una patología grave aunque no terminal, la supera sin que lo aquejen dolencias y restricciones propias de la terapéutica que es inevitable administrarle. Es necesario comprender que este tránsito es imprescindible y forzoso para alcanzar un razonable estado de bienestar que no llegará de forma inmediata, pero que es de esperar pueda advertirse paulatina y constantemente. Para eso se necesitan algunas resistencias, y las tenemos”.

“La herencia”
Dicho lo anterior comienzo con los comentarios y sus respaldos: lo primero que intuyo como relevante es exhibir el resumen general del resultado del período 2004-2015 en los sectores económicos que componen el PBI, o sea la producción de riqueza de cada uno de ellos, medida en Valores Constantes del primero de los años. El Cuadro 1 expone que la totalidad de los sectores tuvieron un avance, debiendo acotar que el lapso que estamos mirando se corresponde con uno de los mejores contextos económicos tanto regionales como mundiales más favorables para nuestro país, que hubiera podido exhibir magnitudes muy superiores si el comportamiento de los directivos hubiese sido distinto. En tal sentido surge que el promedio general fue del 46% y también que no todos lo hicieron en iguales medidas. Los sectores que más avanzaron en términos relativos fueron Intermediación Financiera, Transporte y Sociales, quedando por debajo de la media los sectores de Agricultura, Industria e Inmobiliario. Aclaremos que los porcientos allí manifestados, para una más precisa apreciación, deben considerarse conjuntamente con el peso relativo de cada uno de ellos dentro del Valor Agregado Total.

Lo anterior se basa en lo cuantitativo y queda por tanto la apreciación cualitativa. Una primera deducción es que han avanzado más los servicios que la producción de bienes. Esta tendencia ya se presentaba en informes pasados. Sin embargo, habrá que analizar si este camino permite una mejor redistribución entre los actores sociales en términos de empleo, mejor nivel de ingresos o mejores prestaciones de los servicios básicos, para poder evaluar la continuidad o discontinuidad de las políticas aplicadas en consonancia con las orientaciones que se observen en el contexto regional y/o internacional.

Profundizando más el análisis podremos ver que, si bien aquella linealidad mostró esos resultados, la dinámica de su desarrollo (la película en lugar de la foto) deja en claro que –tomando por tramos de tiempo coincidentes con los períodos constitucionales de gobierno- en la primera etapa se dieron los mayores crecimientos y a partir de allí, las dos siguientes transitaron un camino de descenso, con caídas muy notables en el último de ellos que significaron el punto culminante de un decrecimiento paulatino.

El Gráfico 2 muestra que el PBI, a valores constantes de 2004, pasó de crecer un 8,63% anual promedio en el primer lapso, a un magro 0,31% promedio anual en el último. La tasa de devaluación del dólar fue de 1,95% a un 30,98%. El resultado financiero alcanzó superávit anual promedio del 1,43% sobre PBI y culminó con un déficit promedio anual de -4,55%. El Índice de Precios Minoristas fue de 14,72% a 28,52%, mientras la Presión Tributaria completa (Nación + Provincias + Municipios) aumentó del 23,12% sobre PBI a 32,18%. La observación conjunta de estos porcentajes habla de un deterioro continuo de los parámetros macroeconómicos. Menor crecimiento, tasa de devaluación creciente, resultado fiscal agravado con aumento de presión tributaria dio como consecuencia un comportamiento inflacionario aumentativo, con las consecuencias que este universo trae aparejado.

Esas consecuencias aparecen en el Gráfico 3. La Oferta Agregada (PBI + Importaciones) que en el período 2004/2007 creció a un promedio anual de 9,67 culminó en 2011/15 con una caída promedio anual de -0,16% producto de un menor aumento del PBI y decrecimiento de las Importaciones (por falta de divisas). A su vez, dentro de la demanda agregada el Consumo (Público + Privado) que inicialmente crecía a tasas del 8,91% anual promedio, descendió a 1,46% en el último cuatrienio. Las exportaciones crecieron 8,83% anual en el primer tramo y en el último decrecieron un -3,43% promedio anual. Y las inversiones que “explotaron” a 16,89% anual promedio en el inicio, terminaron en -1,85% promedio anual. Era lógico que sucediera que ante una menor oferta también se retrajeran los integrantes de la contrapartida (la demanda) en una caída constante y significativa.

Mirando con igual perspectiva los indicadores financieros podremos reforzar aún más lo que dije precedentemente: La Circulación Monetaria (emisión de moneda) que fue de $35.888 millones a fin de 2004, ascendió a $ 458.844 a fines de 2015. Las Letras del Tesoro (que el BCRA emite para retirar del mercado dinero emitido para atenuar la inflación pero que se convierte en un pasivo de la entidad con instituciones bancarias) evolucionaron desde $13.930 millones a $257.833 millones. Comparemos la circulación monetaria (emitido) con el stock de Letras (lo retirado) y advertiremos la montaña de dinero que había en plaza dispuesta –por ejemplo- a mutar hacia la dolarización (y de allí el cepo). Las reservas del BCRA (brutas) que en el inicio eran de U$S 57.388, cayeron a U$S 24.816. Es decir se perdió más de la mitad de lo que teníamos con una –al menos opinable- decisión de desendeudamiento en el momento de menor nivel de tasas de interés internacionales (estuvieron mínimos históricos, inclusive cercanos a cero) y la operación de canje por yuanes chinos que reforzaron, con costo alto, el nivel de las reservas en el último período. Finalmente, los Adelantos del BCRA al Tesoro Nacional para poder financiar el gasto fiscal creciente (que se reemplazaban por un pagaré o un Título de la Tesorería Nacional anotados como un crédito de segura refinanciación) se ubicaron en $13.309 millones al 31/12/2004, situándose en la friolera de $961.132 millones a fines de 2015. Un festival monetario a toda orquesta.

En el Gráfico 4 se muestra la evolución de los Indicadores Sociales Relevantes. No debemos olvidar que con posterioridad a la hiperinflación ocurrida en el comienzo de este siglo, para el año 2002, un 53% de argentinos (19 millones de personas) eran pobres y la desocupación alcanzaba al 21,5% de la PEA. Por eso era imperioso comenzar un tiempo de bruscos descensos de esos indicadores. Para 2004, la pobreza se ubicaba en 46,88% y bajó a 28,38% en 2015. La desocupación lo hizo desde el 12,5% al 7,53%. Hasta aquí la objeción sería que, con políticas más acertadas, hubiera sido posible una caída mayor de esos niveles. La evolución de los salarios fue en crecimiento permanente: de 15,85% anual en 2004/2007 a 26,51% anual en 2011/2015. Nuevamente se da la circunstancia ya señalada: en el principio los salarios le ganaron a la inflación, pero al final esa relación se invirtió. Por último, un problema no resuelto es el de la población trabajadora no registrada. Al comienzo representaban el 44,15% del total de asalariados. En 2015 se ubicaron en 33,88%. 0tra vez: luego de una etapa de relativa bonanza, un tercio de la población en condiciones de trabajar, lo hace sin registrarse. Luego, en lo social, seguimos en deuda.

El Gráfico 5 habla sobre la evolución de nuestro comercio exterior. Fue un pilar para la generación de divisas genuinas acompañado por un período que abarcó hasta algo más de la primera década de este siglo donde los granos alcanzaron sus máximos valores (soja por encima de U$S 600 la tonelada) y países demandantes de nuestros productos, en especial Brasil con una etapa también de vigoroso crecimiento. Estas divisas no fueron, en mi criterio, apropiadamente administradas y terminamos implantando el cepo cambiario hacia fines de 2011, limitando las importaciones y haciendo operaciones de canje con los yuanes chinos en el último bienio (2014/15) para llegar a la finalización del mandato con una seria crisis en esta materia. En 2004/2007 el saldo de las exportaciones, el saldo promedio anual fue de U$S 11.873 millones y en 2011/2015 fue de sólo U$S 3.434,60 llegando a ser negativo en el último año de la gestión.

Resumiendo
El país cambió de administración sobre fines de 2015 teniendo como severas restricciones un cuadro económico técnicamente recesivo, con un desempleo cercano al 8,0% ayudado por una creación de empleo público que se estima en 3.000.000 de puestos de trabajo en la última etapa de gobierno, caída del poder adquisitivo de la moneda y del salario en consecuencia, limitaciones casi extremas en el tema de las divisas, un rojo fiscal que en el último año fue del -6,5% del PBI, inflación relativamente alta para la situación de retroceso imperante, dentro de un contexto internacional que se prevé menos amigable para el país. Un dato para rescatar es que, con la política de pseudo-desendeudamiento (se pagó a acreedores externos, pero se tomaron deudas del BCRA y otros organismos públicos, inclusive el ANSSES), el porciento de deuda pública (excluyendo la intra-sector público) se ubicó en 2015 en menos del 20% del PBI, cuando en 2002 era del 130%. Es decir hay margen para endeudarse en el mercado internacional, con el debido cuidado del límite a esa política que también tiene serios riesgos.

El primer año de Macri
Debo comenzar aclarando que en este punto el informe será sustantivamente descriptivo con poco comentario cualitativo en razón que se trata de un año de transición donde el reacomodamiento de las variables económicas, financieras, cambiarias, fiscales o sociales, implicaba la adopción de medidas “duras”, en algunos casos con costos para los actores económicos y sociales que, dentro de todo, no han sido de la magnitud que hubieran resultado de haberse dado la continuidad de las políticas anteriores. Es verdad que estábamos cerca de una crisis casi tan parecida a la de comienzo de siglo y de allí que no logre entenderse la necesidad que había de seguir el camino emprendido.

Esto significa simple y rápidamente opinar que la evolución está yendo hacia objetivos que se comparten por la mayoría de los argentinos.
Que no está exento de riesgos y que no todas los comportamientos del nuevo Gobierno han sido aceptables. Por lo tanto, sería deseable contar con el apoyo de la superioridad de los conciudadanos en términos de tolerancia y aportes, inclusive críticas, para comenzar un camino de bienestar que –repito una vez más- no será corto. En este primer año se han advertido comportamientos que no eran precisamente los que se requerían. Creo que pudo haber habido más acompañamientos de los sectores que estaban en mejores condiciones de contribuir, como fue el ejemplo del traslado a precios de la devaluación que en muchas unidades económicas ya se descontaba y aún a valores mayores que los finalmente surgidos. O en casos de proyectos y medidas que reclamaban el auxilio de otras fuerzas políticas, habida cuenta de la notoria minoría (debilidad) del oficialismo en el Congreso.

Es de lamentar que no se haya convocado a un pacto social, tal vez porque el Gobierno no tenía la suficiente confianza en la respuesta de alguno o algunos de los otros actores. Y luce hoy claramente desacertado el haber tardado tanto en dar a conocer la verdadera situación con la que se comenzó esta etapa aunque resultara potencialmente válido el argumento que se hizo para no retraer inversiones o desalentar consumo.

En términos generales debemos acreditarle al gobierno las posiciones de shock en la apertura del mercado cambiario, el arreglo con los holdouts y el freno monetario implementado a través del alza de las tasa de interés por parte del BCRA. En él debe tenemos que anotarle el desaguisado ocasionado con el ajuste de tarifas que motivó el desaprovechamiento de un tiempo que podría haberse aplicado a otras tareas de las innumerables que están pendientes. Y la inexperiencia en el manejo político de algunos proyectos de ley como el de modificación del Impuesto a las Ganancias que no alcanza precisamente al mayor número de asalariados, aunque no se desconoce la importancia y necesidad de proceder a las modificaciones.

En el medio queda la gradualidad para el tratamiento de la cuestión fiscal, que puede ser atendible por razones de gobernabilidad, pero que genera costos, por lo que más temprano que tarde tendrá que comenzar a implementarse su modificación de base para asegurar crecimiento sostenible.

Coincido también en el hecho que el Gobierno ha cambiado sus objetivos principales de la macro: en lugar de fundar el crecimiento en el Consumo, hacerlo mediante la paulatina desaceleración de las tensiones que ocasionan la inflación y el tipo de cambio, e insertarse en el mundo –con la debida defensa de nuestros intereses en sentido amplio- para crecer con aumento de exportaciones y mayores inversiones que posibiliten su mantenimiento en el tiempo. Al respecto, se pueden establecer estos desafíos principales: Política Monetaria con objetivos de contener la inflación, mantener en el mejor nivel de equilibrio posible la paridad cambiaria del intercambio, e ir ordenando la cuestión fiscal con los condicionamientos que producen la necesaria gradualidad, los tiempos electorales (pariente del anterior) y el logro de los objetivos sustantivos.

Con ese fin se han preparado los gráficos y cuadros que a continuación comento: el Gráfico 6 habla de la evolución de las cuentas nacionales. Salvo las importaciones que crecieron 8,70% (aspecto positivo) todos los demás rubros tuvieron descensos, algo esperable en este tiempo de modificaciones. Todas las caídas tendrán su justificación en la medida que signifiquen sentar las bases para volver a crecer. Y eso se verá con el tiempo. Es rescatable que el Consumo Privado haya caído poco (-0,10%) y el Público relativamente también (-2%) basado fundamentalmente en la disminución de los gastos en obra pública en general, compensado con un menor ajuste de los cuadros tarifarios. Se espera que en 2016 el PBI caiga un 2,5% y también los demás componentes de la demanda agregada.

En la última licitación antes del cambio de gobierno, el plazo más corto para Letras era a 98 días, a una tasa de 29% anual (2,78% mensual). En la siguiente, del 15 de diciembre de 2015, el menor plazo fue de 35 días y se ofreció una tasa anual de 38% Anual (3,64% mensual) con una evidente señal al mercado del camino que seguiría el Central. Sobre fines del año bajó a 33% Anual y ya en 2016 volvió al 38% anual en marzo, para bajar a 24,75% en noviembre, con un promedio de 28,30% en el año. La consecuencia fue una disparada de las tasas que cobran los bancos a Empresas y Personas. Para las primeras, se partió con un 30,63% en diciembre y en 2016 tuvo picos de 33,31% y mínimo de 24,54% en noviembre. El promedio anual fue de 30,61%. Para las segundas, en diciembre 2015 fue de 41,38%, tuvo un pico en junio de 43,88%, el mínimo fue el de diciembre y el promedio 43,36%. Este nivel de tasa redujo el consumo, con sus efectos consecuentes. Para fines de este ejercicio, se espera que el Central mantenga las tasas en el nivel mínimo ya citado al igual que las de préstamos a Empresas, sin mayores cambios en los destinados a Personas.

Recordemos que la inflación minorista se buscaba moderarla mediante el corset monetario que describimos. Estuvo, a su vez, influida en su crecimiento por un traslado (no siempre justificado) de la fuerte devaluación a precios en el inicio de la gestión y los incrementos tarifarios como los elementos preponderantes de su impulso, parcialmente limitados por las menores ventas. Se han tomado como referencia las que publican las Direcciones de Estadísticas de la Provincia de San Luis y CABA.

Como indica el Gráfico 7, el acumulado interanual de mayor magnitud fue de 42,80% y 49,05% respectivamente. El mínimo de 35,10 % y 29,63%. El promedio interanual fue de 39,77% y 41,26%. El acumulado de enero a octubre de 2016 midió 28,60% y 36,33%. Se hizo un “acoplamiento” de las mediciones de San Luis y el INDEC, ya que éste comenzó a publicar sus mediciones en mayo/16 tomándose desde enero a esta fecha la de la provincia citada. El acumulado a octubre 2016 resultó ser cercano al 30%. La llamada inflación “core” (sin precios de artículos estacionales o bienes y servicios regulados) fue en descenso desde el 3% mensual en junio/16 hasta el 1,5% en septiembre. Pero en octubre/16 subió a 1.8%. En cualquier caso se espera una cifra interanual del 40% aproximadamente. Los precios Mayoristas acumulan en 2016 un crecimiento del 32,05% interanual hasta octubre, y la Construcción de un 45,34% interanual hasta octubre. Es decir que todavía la política restrictiva del Central, no ha logrado producir una baja relevante de la inflación, aunque se notan claras evidencias de su tendencia descendente.

Todo este conjunto implicó que el nivel de actividad de la actividad económica naturalmente se resintiera. El EMI (Estimador Mensual Industrial) mostró su mejor evolución en ene/16 cuando aumentó 1,5% respecto del mismo mes del año anterior. El mínimo de variación respecto al mismo mes del año anterior, se dio en octubre/16 con un -8,0%. En la construcción, lo mejor de la comparación con igual mes del año anterior fue en ene/16 con un -2,5%. Lo peor, comparando mes de 2016 contra igual mes de 2015 fue en abril con -24,1%, y relacionando el acumulado de 2016 con el acumulado de igual período de 2015, el nivel más bajo fue el de jul/16 con -14,1%. La venta en Supermercados, tomados en valores corrientes, tuvo su mejor variación entre los mismos meses del último año en jul/16 cuando aumentaron 30%. Los menores valores se dieron en agosto/16 con 21,2% de aumento respecto de ago/15. Aquí vuelven a exponerse las exiguas variaciones ocurridas inclusive en Supermercados que no siempre superaron la inflación interanual de cada período considerado.

La Circulación Monetaria entre nov/16 y dic/15 aumentó 16%, pero el Stock de Lebacs lo hizo en 156% ratificando que la idea del Central es “secar” la plaza para controlar de la mejor manera posible a la inflación. El tipo de cambio se devaluó entre dic/15 y nov/16 un 22%, o sea por debajo de la inflación. No obstante el TCRM (que se utiliza para las transacciones internacionales), con base 15/12/15=100 (nuevo Gobierno), alcanzó su mayor nivel en mar/16 con 100,50 y luego descendió en nov/16 a 86,60 mostrando algún retraso que se compensa con la baja de retenciones, manteniendo de este modo el incentivo a los productores que exportan. Las Reservas crecieron 46,80% entre dic/15 y oct/16. El nivel todavía es bajo, pero suficiente para atender –acompañado por una parte de endeudamiento- las demandas cambiarias sin tensiones.

Una mención especial merece la incidencia del Resultado Fiscal Financiero/PBI que a dic/15 era de -6,5% y en el 2º Trimestre/16 se ubica en -2,5%. Debemos decir que el Gobierno sigue utilizando fondos del BCRA y FGS para financiar sus gastos y atento a los valores acumulados de gastos y recursos existen razonables posibilidades que a fin de año alcance el objetivo prometido de -4,8%. Sin embargo, ello se ha hecho postergando gastos necesarios (Obras Públicas) y acudiendo al endeudamiento que en dic/15 significaba en Bruto un 53,6% del PBI y en jun/16 descendió a 52,8. A favor del exterior incluidos Organismos Multilaterales y Sector Privado era del 22,9% del PBI subió al 23,7% en jun/16. El resto es endeudamiento intra-sector público. En dólares, en dic/15 el total era de U$S 240.665 millones y en jun/16 U$S 244.772 millones. O sea, hasta ahora nada grave, pero es un tema a gestionar con cautela. Más importante es mencionar que el crecimiento acumulado de los gastos primarios a oct/16 es del 33,1%, mientras el de los ingresos es de 29% originado en la baja de retenciones y un menor ajuste tarifario. Son indicadores de alerta.

Por último, en el Cuadro 8, se exponen algunos indicadores sociales –que me anticipo a decir- que demuestran que el ajuste aplicado este año para ir en pos de la corrección de las distorsiones no ha tenido las consecuencias (negativas y siempre lamentables) de la magnitud que se decía y aún hoy se repite.

No olvidemos que este mal remedio hubiera sido aplicado, con resultados que no pueden verificarse pero si suponerse, por cualquiera de los candidatos a presidir la Nación que se presentaron a elecciones. Es cierto que la desocupación en el 3º Trimestre/16 se ubicó en 8,5% levemente por encima del inicio de la gestión. Que la pobreza, medida por la cantidad de personas, en dic/15 era de 29% y subió a 32,6% en mar/16. Que los trabajadores, tomando sep/16 disminuyeron en su totalidad en un número algo superior a los 10.000 puestos de trabajo a consecuencia de una pérdida de 56.574 empleos del Sector Privado y Monotributistas Sociales, y un aumento de 46.298 puestos en el sector público. El salario del sector privado registrado acumulaba en el año 2015 un incremento del 30,05% y en el 1º semestre del 16, un aumento del 16,46%. El empleo público registró un aumento del 33,61% en 2015 y un 15,63% en el 1º semestre de 16.

El análisis global de la gestión tal vez no dé para 8 pero me parece que está para 6,5 puntos.

Lo que viene
No digo nada novedoso si afirmo que quedan situaciones pendientes que inevitablemente deben atenderse, porque de lo contrario podemos sufrir otra frustración. Y debo agregar que no se limita al terreno macroeconómico reflejado en cifras.

El déficit energético heredado ¿puede demorarse mucho tiempo sabiendo que constituye un elemento vital para el funcionamiento de las empresas que aspiren a crecer o a instalarse en el País? ¿No estaremos seguramente de acuerdo en que debe acelerarse la baja del porcentaje de pobres? Claro que necesitamos generar condiciones para absorber la demanda vegetativa de trabajo, especialmente de jóvenes. Que hay que aumentar exportaciones para que los excedentes disponibles sean genuinos y reemplacen el endeudamiento. Que hay que cumplir el objetivo principalísimo de disminuir la inflación y ocuparnos del tema fiscal con la seriedad que el desbalance actual y esperado exige. Y podríamos seguir…

Es esperable que implementar todas las medidas necesarias para ir cumpliendo a fondo con la solución de los problemas expuestos, no será posible en el próximo año en virtud que viviremos las elecciones de medio término. Aparece con altas probabilidades de ocurrir un mix de política monetaria más blanda, blandura fiscal y como consecuencia un tipo de cambio más débil.

No obstante ello en 2017 la economía del país crecerá: porque no se repetirá el salto cambiario que fue necesario practicar en el cambio de administración, porque seguirá siendo gradual la corrección tarifaria, porque el blanqueo aportará una cifra en dólares que reforzará los recursos fiscales evitando un aumento significativo del desequilibrio fiscal, y reforzará el nivel de reservas que hará administrable el tipo de cambio, porque es esperable que los acuerdos paritarios tomen en cuenta la referencia de inflación futura asumiendo que en mayor o menor medida las pérdidas de 2016 se compensaron con el bono de fin de año convenido por los sectores, aunque se fijarán con algunos puntos por encima de la variación esperada de precios. Porque el Estado gastará en obras públicas, mantendrá los reajustes de jubilaciones, todo lo cual impulsará el empleo y el consumo, contando con margen de endeudamiento que le permite tener aseguradas las necesidades de financiamiento que para el año próximo están estimadas en U$S 40.000 millones. Porque se espera que crezca Brasil, porque la inflación muestra signos evidentes de disminución: Ya se dio en sep/16 con un 1,5% mensual que –anualizado- está en el 20%. Y, de confirmarse la noticia, podría darse en dic/16 un indicador igual o aún sorprendentemente menor. Tal vez no se alcance la meta fijada por el BCRA del 17% pero 20% es el número que aconsejamos como escenario más probable.

Este auspicioso panorama tiene también sus posibles contrapartidas como pueden ser: una mayor resistencia a la baja de inflación, que la entrada de dólares haga dificultoso el mantenimiento de la paridad de equilibrio para exportaciones (en castellano: que haya retraso cambiario) o que se dificulte más el contexto externo que, hasta acá, no pareciera presentar mayores inconvenientes para el país, al menos en el año próximo. Tal como lo he referido reiteradamente, los escenarios deben ser permanentemente monitoreados, sobre todo en tiempos de presencia de incentivos y restricciones.

Pero para tomar una posición concreta, en mi caso, me ubicaré en el plano proactivo y en tal sentido, habiendo consultado informes de especialistas y el análisis REM (Relevamiento de expectativas de mercado del BCRA de nov/16) expreso mi estimación de que el PBI crecerá 3,5% y en consonancia será la variación de dos rubros importantes: Consumo e Inversiones, dependiendo su magnitud de la dinámica de la evolución económica los actores públicos y privados. La inflación será del 20% (punta contra punta), los salarios aumentarán 22% y el dólar se mantendrá en un rango de $18,0/$18,5. La tasa de interés de LEBACS la situamos entre 20% y 22% dependiendo de la flexibilidad que se imprima a la política monetaria. El déficit fiscal financiero se ubicará en 5% del PBI, muy cercano al del fin de este año considerando que se mantendrán los aportes del BCRA y FGS. Arriesgo que el desempleo y la pobreza tenderán al descenso aunque en niveles que muestren la tendencia hacia la que se marcha, pero sin cambios muy relevantes en relación con los porcentajes actuales.

Lo anterior nos lleva a considerar un plano de un plazo mayor al de los próximos 365 días: Cómo se crecerá en 2018 cuando indudablemente se requerirá reorientar las políticas, especialmente en el tema fiscal y monetario, hacia una mayor profundización de las acciones que tiendan a un equilibrio fiscal y descenso potente de los niveles inflacionarios. Debemos insistir en que no se puede crecer sin inversiones y sin la entrada de dólares genuinos (por saldos externos positivos). Sólo de este modo, y no sólo con el endeudamiento disponible podrán impulsarse acciones que generen fuentes de trabajo registrado y se manifiesten mejoras en el poder adquisitivo de los salarios, disminución de las brechas sociales, entre los ítems más destacables.

Para ello, una vez más, debemos reclamar a la dirigencia un mayor compromiso con el conjunto, dejando de lado situaciones personales o sectoriales que retrasan o anulan las vías conducentes a un mayor bienestar de nuestra población. En este contexto, es importante que se fortalezca la gobernabilidad incluyendo una mayor cuota del poder para quienes comparten los objetivos expuestos, a fines que no se produzcan cambios que nos desvíen del camino elegido, aún cuando se puedan plantear diferentes matices.
Por último, quisiera traer el recuerdo de nuestra inolvidable Eladia Blázquez cuando en su reconocido éxito “Honrar la vida” nos manifestaba que “…eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir… porque no es lo mismo que vivir, honrar la vida”. Esa que tanto anhelamos cada vez mejor para nosotros y para los que nos sucedan. FELICIDADES PARA 2017!!!
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