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Actualidad

10/05/16

El Niño que produjo el desastre agropecuario

Nota de tapa de X-Más Revista, edición 31 del mes de abril.
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Las diferentes producciones agropecuarias venían con años de escasa o nula rentabilidad y esperaban en este 2016 recuperar algo de todo lo perdido. Como estaba previsto y se sabía desde agosto de 2015, el fenómeno de El Niño azotó con todas sus fuerzas a la provincia de Entre Ríos, desde las inundaciones del Río Uruguay y Paraná sobre finales de diciembre hasta las históricas lluvias de abril. Las pérdidas ya superan los $7.500 millones por todo concepto y el panorama es complejo de cara al futuro. Un repaso por cada una de las actividades y lo que podemos esperar para los próximos meses.

Sobran los motivos para no olvidar la transición de 2015 y los primeros meses de 2016. El profundo cambio de Gobierno en todos los órdenes y el comportamiento extremo del clima en los últimos 5 meses han sido los dos principales factores que marcaron la agenda del país, y mucho más en particular, de la provincia de Entre Ríos.

Lluvias extraordinarias en el norte mesopotámico y sur de Brasil dieron la primera dimensión de lo que estaba por venir, con crecidas casi históricas del Río Paraná y Uruguay, donde las ciudades costeras aguas abajo de la Represa de Salto Grande fueron invadidas por las aguas marrones del río. Las imágenes fueron elocuentes; la inundación perduró más de lo habitual; los daños materiales millonarios y el turismo fue la actividad que sufrió las consecuencias más duras y ya analizadas en nuestra edición anterior.

La apicultura sufrió pérdidas importantes también. En los meses de diciembre y enero se producen las primeras cosechas de miel en Entre Ríos, pero entre lluvias e inundaciones los resultados fueron pésimos, incluso con pérdidas de colmenas y problemas sanitarios productos del exceso de humedad. Había que recomponer de alguna manera las colmenas para llegar a la segunda cosecha (marzo/abril) en condiciones y sostener el año.

Pero El Niño estaba lejos de terminar su influencia en el clima de la región. En febrero las lluvias volvieron y la intensidad de las tormentas fueron protagonistas. Esta vez la costa del Paraná fue la más afectada con voladuras de techos y árboles en varias ciudades, además de galpones y viveros en las áreas rurales. La horticultura tuvo el gran impacto esta vez, quedando destruidas el 85% de las plantaciones en el departamento Paraná y afectando a pequeños y medianos horticultores. Tema también desarrollado ampliamente en la pasada edición.
Las tormentas intensas siguieron en marzo y se fueron dando en distintos sectores de Entre Ríos. A mediados de mes se cosechaban los primeros lotes de soja –el cultivo estrella en Entre Ríos desde hace más de 15 años- donde el clima y el suelo lo permitían con rendimientos por sobre los valores históricos para cada región. Hacia finales de marzo las condiciones climáticas dieron una semana para incrementar labores y se llegó a levantar el 5% de lo sembrado (unas 60.000 hectáreas). E iba a ser prácticamente lo único en las siguientes cuatro semanas.

La situación en otras producciones pecuarias entrerrianas comprenden las generales de la ley y llegaban en situaciones extremas al mes de abril. Además, el Citrus con profundos problemas estructurales que afectan la productividad de las quintas y sin mercados internacionales que descompriman los volúmenes del país; la lechería con precios deprimidos que no alcanzan ni por asomo a cubrir los costos de producción; la forestación con poco volumen producto de las políticas erradas de hace 12 años atrás y con mercados poco demandantes por el freno en la construcción; el arroz con buenos rendimientos (casi cosechado en más del 80%), pero con precios también deprimidos que no le alcanzan al productor para cubrir los gastos crecientes.

Históricas lluvias de abril
El pluviómetro ubicado en la localidad de San José de Feliciano, y que reporta a la Red de Centrales Meteorológicas de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, acusaba a finales de abril un total de 738,4 milímetros de agua caídos durante abril. No existe en los registros históricos –que comenzaron en el año 1911 en la provincia de Entre Ríos-, un registro similar para dicho mes. Pero esta localidad, no fue un caso aislado con esos valores. El norte provincial en su totalidad no bajó de los 450 milímetros.

El centro y sur de Entre Ríos totalizaron entre 200 y 400 milímetros, con el agravante del desborde de arroyos que llevaron a situaciones extremas en el Delta entrerriano, con ciudades aisladas y una cantidad de evacuados que todavía hoy no han podido retornar a sus hogares.
Es elocuente observar –y exime de mayores comentarios- los cuatro mapas de lluvias caídas durante ese mes que publica el SIBER semanalmente y la situación de las reservas hídricas para Entre Ríos en el mismo lapso. Es un claro resumen gráfico que justifica la declaración de Emergencia y Desastre Agropecuario que dictó la Provincia de Entre Ríos. Las visitas del propio Presidente de la Nación, ministros y altos funcionarios nacionales certificaron la extrema situación.

Los millones que no habrá de la soja
El campo viene de tres campañas consecutivas donde las ecuaciones económicas fueron neutras en los mejores casos y con quebrantos para la gran mayoría de los agricultores. El endeudamiento del productor estaba al límite de su capacidad al comienzo de la campaña 2015/2016. Vale recordar que el 70% del financiamiento de cada campaña lo hacen cooperativas y acopios regionales, quienes también colmaron su capacidad de endeudamiento. Oscar Montero, Vicepresidente de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos lo explica: “No olvidemos que en Entre Ríos ya existía una especia de Convocatoria privada entre un importante sustrato de productores con las cooperativas y acopios. Son tres años sin ingresos y algunas de las cuotas que debían no las pudieron pagar. Hay un sistema de financiación informal con los clientes de toda la vida, pero que se soporta hasta donde se puede, y creo que estamos al límite”.

La gran esperanza estaba puesta al finalizar la trilla de soja, la cual marchaba en los cánones esperables para la región hasta finales de marzo. La cosecha permitiría cancelar deudas y prepararse más holgadamente para campaña 2016/2017, en la que realmente el agricultor podría volver a la rentabilidad perdida en el 2011.

“Las pérdidas han sido totales en los campos bajos y estamos viendo qué pasa en estos días que volvió a salir el sol, pero seguro la mitad de la cosecha se perdió”, dice Montero y agrega: “Los primeros números hablan de un promedio de 1.500 kilos por hectárea, que en realidad sería la mitad al deducir la mala calidad. Incluso aquellos que tengan menos de 1.000 Kg/Ha de rendimiento ni siquiera la cosecharán, porque será romper los campos al entrar con las máquinas y no podrá sembrar trigo después.

Para el director de la Federación Agraria de Entre Ríos, Elvio Guía las pérdidas son millonarias. “Si tomamos todos los sectores productivos tenemos pérdidas que superarán los $ 7.500 millones y debemos agregar otros $ 1.600 millones que necesitaremos para recuperar los caminos de tierra de toda la provincia, que quedaron destruidos. La situación se repite en la ganadería y los feed lot con la pérdida de condición de los animales, la destrucción de los potreros y el barro. Los campos se quedaron sin praderas por el exceso de agua y las alfalfas se pudrieron”.

Todos afectados
Sergio Lifschitz, presidente de Agramin SA y responsable del campo La Vigilancia en las cercanías a Santa Elena, un tambo de punta con la mejor genética Holando del país, refiere la misma situación para los campos y los animales. “Lo principal es cómo queda todo. Nosotros tuvimos una caída del 40% en la producción que refleja la condición en que quedaron los animales, y habrá que ver cuántos quedan en pie. El campo prácticamente se destruyó. Estamos arreglando los caminos internos y las pistas. Si antes de las lluvias reclamábamos que el precio del litro de leche no podía estar menos de $ 4, hoy con todo esto y para recuperarnos, no debería bajar de $ 5,60 para recuperar la rentabilidad”.

La industria ya acusó la falta de leche, que si bien estacionalmente era esperable una disminución en la producción, la imposibilidad de ingresar los camiones a la mayoría de los tambos por encontrarse alejados de las rutas asfaltadas provocó incluso que se tuviera que tirar. Si un tambo de punta como La Vigilancia quedó “destruido”, en los tambos familiares más chicos la situación se torna acuciante. “Lo que viene es lo más difícil –dice Elvio Guía de la FAA-, intentaremos que se caiga la menor cantidad de productores posibles. Las soluciones no son mágicas y no sé si lograrán alcanzar a todos los productores”.

Al sector arrocero le faltó cosechar unas 14.000 hectáreas antes de las lluvias. Si bien los resultados que se lograron anteriormente fueron buenos, el contexto internacional hace que el precio para el productor al día de hoy esté muy deprimido. El presidente de la Cooperativa Villa Elisa, Claudio Francou, manifestó que “de lo que faltó cosechar habrá pérdidas por volcado y palomas y estimamos una merma de 2.000 Kg/Ha. Este temporal nos afectó a nosotros y a Brasil y Uruguay por igual. Por eso creo que los precios mejorarán en el mediano plazo, el tema que en esos momentos el productor ya no tendrá más el arroz en su poder, sino el exportador. Nos preocupa mucho la próxima campaña. Seguimos arrastrando un pasivo por la pérdida de competitividad de los años anteriores y estamos al límite de la capacidad de endeudamiento. Necesitamos reconvertir los pasivos y refinanciarlos a 3 o 5 años con tasas razonables y un crédito de corto plazo para financiar la próxima campaña”.

El citrus, al igual que la lechería, se encuentra en una profunda crisis estructural. “Las lluvias afectaron las variedades tempranas que se estaban cosechando, en mandarinas Okitsu y Satsuma, y en naranjas Valencia y Ombligo. Puede haber un 15-20% menos, en el marco de un año de buena producción. En nuestro caso, más que las lluvias el gran problema es el costo interno y la falta de políticas. Difícilmente resolveremos lo estructural si no resolvemos antes la coyuntura, explica Julio Jaime, Presidente de la Federación del Citrus de ER.

Los problemas en el sector forestal llegaron por la cantidad de días sin poder ingresar a los campos para sacar la materia prima. Algunas industrias hicieron sus previsiones de rollos de eucaliptos, pero no pensaron en un mes completo de lluvias, y buena parte del parque industrial de Federación (primordialmente maderero) tuvo que suspender los trabajos. Sergio Corso, presidente de Maringa Maderas SA y referente del sector explicó que “la última semana de lluvias agravó la situación y algunos debieron parar las actividades. No se pudo ingresar a los campos. Además los días se acortan y disminuyen la cantidad de horas de sol. A eso hay que agregar que existe un bache en la producción forestal por los problemas que hubo con los planes forestales hace 10 años, cuando se dejó de sembrar y hoy estamos viendo las consecuencias. De igual manera, la demanda ha caído por la falta de actividad en el rubro de la construcción”.

Lo más difícil: lo que viene
“La gravedad de la situación que enfrentamos hace que la salida de esta coyuntura sea planteada por el conjunto de los sectores productivos y que exige acciones extraordinarias de los gobiernos provincial y nacional”, decía en uno de sus párrafos el comunicado del Comité de Crisis reunido en la Bolsa de Cereales de Entre Ríos el 20 de abril pasado. Pocos días después, todos los miembros representantes de la mayoría de las producciones afectadas, se reunían con el Gobernador Gustavo Bordet y los principales Ministros del gobierno provincial, para analizar seriamente las alternativas que se abrían.

“Sinceramente nos llamó la atención el diagnóstico que hizo el gobierno, asumiendo la gravedad y la magnitud de la situación. Parece haber una decisión política fuerte para buscar las soluciones”, explicó Elvio Guía. Para el director de la Federación Agraria de Entre Ríos la solución no pasa solamente por lo financiero, sino que también es necesario tomar medidas en lo impositivo: “se puede trabajar con la devolución de retenciones a quienes estén en emergencia, dejar de retener el 8% del IVA. Además habrá que tomar algunas medidas “paraguas” con los bancos, porque seguramente habrá cortes en la cadena de pagos y esto complicará el armado de carpetas de los productores. Con la buena voluntad no va a alcanzar”.

En el mismo sentido avanza Oscar Montero: “Los créditos de hoy no sirven. El sistema financiero argentino no sirve para las emergencias. Los bancos cuando huelen problemas se retiran todos. Les interesa más el porcentaje de incobrables que ayudar a la producción. Ni siquiera el Banco Nación se va a jugar porque es parte del sistema. Todavía tenemos la Ley de Entidades Financieras de Martinez de Hoz y nunca se modificó. Si no pensamos en algo nuevo nos fundimos todos”.

Muchos de los referentes sectoriales consultados coinciden en que la única salida es volver a producir. Nada más ni nada menos. El agro entrerriano tiene pérdidas por $ 6.000 millones entre todos los cultivos, a los que hay que sumarles el pasivo que viene arrastrando de $ 1.500 millones de las campañas anteriores (buena parte de esta deuda vence el 30 de mayo, fecha insignia de finalización de la campaña).
Y como si fuera poco, para sembrar la campaña 2016/2017 se necesitarán otros $ 4.500 millones más, y debería comenzar en los primeros días de mayo.

El panorama es desesperante para muchos, y esa es la mala noticia.
La buena noticia es que el sector privado está unido y buscan una salida general. Y el sector público es consciente de la gravedad y está trabajando denodadamente para solucionarla. Por primera vez todos están sentados en la misma mesa y con un mismo objetivo.
El resultado lo dirá el tiempo y la capacidad de gestión que se tenga. Pero no es poco.

Todos sentados en la mesa y con un mismo objetivo. ¿Será que esta foto se podrá repetir en momentos de buenas noticias y para planificar el crecimiento?
Una producción de OLEINIZAK
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