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Actualidad

16/03/16

Tienes un e-mail

El rol de las nuevas tecnologías y su uso comienza a ser tenido en cuenta por la jurisprudencia argentina y se abren nuevos capítulos a tener en cuenta en la vida diaria de las empresas, sus obligaciones y responsabilidades.
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Por Ramiro Lassaga
Abogado - Estudio Ascúa, Lassaga & Negri Aranguren

Recientemente, en el proceso judicial en el que intervinimos, caratulado “E-Corp. S.A. c/ Adecco Argentina S.A. s/Ordinario”, la Sala C de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial consideró absolutamente válida y eficaz la notificación realizada mediante correo electrónico (un e-mail) de la voluntad rescisoria de un contrato celebrado entre privados, asimilándola a una notificación de carácter fehaciente (es decir, que prueba o da fe de algo de forma indudable).

El caso que motivó esta resolución presenta ciertas particularidades que hacen que este precedente tenga especial trascendencia: Es que, previo al conflicto, las partes habían celebrado un contrato de consultoría en el cual habían pactado la libertad de rescisión para cualquiera de ellas, bajo la condición de notificar dicha decisión con una antelación determinada -y en lo que nos interesa- mediante “carta documento u otra forma de notificación fehaciente que la reemplace”.

Bajo ese marco contractual, una de las partes envió a la otra un correo electrónico manifestando su decisión de rescindir el contrato, pero ésta, a la luz de lo expresamente establecido sobre el modo de notificar esa decisión, entendió que aquella no había sido la forma convenida para finalizar el vínculo, razón por la cual decidió considerar vigente la relación y mantener la prestación de sus servicios hasta tanto la rescisión fuera notificada en los términos acordados (es decir, mediante “carta documento u otra forma de notificación fehaciente”). Asumiendo haber rescindido el contrato, se dejaron de abonar los servicios (se había pactado un abono mensual fijo) lo que provocó que posteriormente la otra parte reclamara judicialmente el pago de una serie de facturas sin cancelar. Así, en dicho proceso, una de las partes aseguraba haber rescindido el contrato mediante un correo electrónico, negándose a pagar las sumas de dinero que con posterioridad se le facturaran como abono mensual, y en la vereda de enfrente, la contraria sostenía la ineficacia del mentado correo, reclamando el pago de las facturas emitidas en concepto de abono mensual.

Pues bien, después de una sentencia de primera instancia en la que se desestimara la validez del correo electrónico como medio de notificación capaz de sustituir a la carta documento, la Sala C de la Cámara de Apelaciones del fuero comercial (órgano jerárquicamente superior y de revisión de las sentencias dictadas en la primera instancia) se pronunció en sentido opuesto y consideró que el correo electrónico enviado con la intención de fulminar el contrato había constituido suficiente notificación de voluntad, asimilando el envío de un correo electrónico a una notificación fehaciente.

Vale decir que para resolver de esta forma, la Sala tuvo en cuenta –por un lado- que durante la vigencia del contrato las partes habían mantenido comunicaciones mediante correo electrónico (destacando que era una forma de comunicación conocida y empleada en forma habitual por las partes) y –por el otro- que la existencia y recepción del correo electrónico en el cual se había manifestado la voluntad rescisoria del contrato no había sido cuestionada (es decir, el envío y recepción del correo electrónico no estaba en discusión).

Para que se entienda bien: hay una sentencia, dictada por uno de los actores más relevantes de nuestro poder judicial que ha dicho que el envío de un correo electrónico es asimilable al envío de una carta documento y que alcanza para rescindir un contrato celebrado con todas las solemnidades de la ley (esto es, escrito sobre papel, con firmas certificadas por escribano público, etcétera).

Aceptación de las nuevas tecnologías
En lo concreto, significa que el correo electrónico (por muchos subestimado) se ha consolidado como una forma de notificación fehaciente, resultando equiparable a una carta documento y por tanto, capaz de generar o extinguir derechos y obligaciones.

Si bien es cierto que el correo electrónico hoy tiene pleno reconocimiento, ya sea como correspondencia (el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación elimina toda duda en ese sentido) como elemento de prueba (bajo recaudos especiales, el correo electrónico hoy es plena prueba, habiéndose erigido como definitoria en una gran cantidad de contiendas judiciales), lo realmente novedoso del criterio de esta Sala es la asimilación del correo electrónico a una “notificación fehaciente”.

En verdad, ya existían algunos pronunciamientos que de alguna manera jerarquizaban al correo electrónico como un medio de comunicación con cierta eficacia, pero en rigor, la mayoría de estos pronunciamientos habían sido dictados en el fuero laboral y estaban impulsados por el afán de auxiliar al trabajador desprotegido (como por ejemplo, la sentencia dictada en los autos “Villamil, María Celeste c/ Panatel S.A. s/ Despido", en donde la Sala IX de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo aceptó la validez de la notificación realizada por la trabajadora mediante correo electrónico de la fecha en que contraería matrimonio).

Por estos motivos, lo resuelto por la Cámara de Apelaciones en lo Comercial en el caso “E-Corp. S.A. c/ Adecco Argentina S.A. s/ Ordinario” sin lugar a dudas tendrá incidencia no sólo en los futuros pronunciamientos que se dicten en nuestros Tribunales, sino también, en el modo de uso y la valoración del correo electrónico.

Es que, en otras palabras, este criterio importa que -en el marco de determinadas relaciones- la recepción de un correo electrónico (alguno podría decir de “un simple correo electrónico”), implica la notificación fehaciente de lo que se nos ha enviado.

Con esto, excusas tales como “no me llegó ese correo” o “no revisé el correo electrónico” ya no van a servir de mucho para justificar, por ejemplo, demoras y/o la falta de cumplimiento de alguna obligación.

Ahora bien, en un plano algo más general, las consecuencias de la decisión comentada aparecen algo más profundas ya que estamos frente a uno de los primeros pasos en firme de una renovación de criterios que poco a poco deja atrás acartonadas y rancias fórmulas de antaño y que se adapta (algo tardíamente) a un mundo tecnológico.

Se trata de la aceptación y asimilación por parte del derecho de ciertas herramientas de uso diario y masivo que por diferentes cuestiones (tal vez, una de ellas, de carácter generacional) eran ignoradas, incomprendidas y de alguna manera temidas.

La sobrevaloración del papel en detrimento de lo digital está desapareciendo.

Es que, al equiparar él envió de un correo electrónico al de una carta documento se está resolviendo bastante más que el caso específico. Se está aceptando que estas tecnologías están, que son masivamente utilizadas, que funcionan y en algunos casos, resultan más eficaces que las tradicionales.

De avanzarse en ese sentido, se flexibilizaría el campo de invención para diseñar y articular mecanismos legales, ágiles y superadores de los ya viejos y muchas veces burocráticos diseños.

Pocos años atrás, en Argentina al menos, nadie hubiera aceptado que un contrato celebrado bajo las más arcaicas solemnidades, pudiera extinguirse, sin más, mediante el envío de un simple correo electrónico.

Entre este supuesto (que hoy ya es realidad) y aceptar, por ejemplo, un despido notificado por correo electrónico no parece haber mucho trecho para recorrer (vale decir que ya se han aceptado renuncias realizadas por empleados mediante este medio).

Lo próximo, ¿redes sociales?
Entonces todo indica que, si bien con algunos matices y tal vez con demasiada lentitud, herramientas de naturaleza tecnológica de gran inserción en nuestras vidas (tanto en el plano comercial, laboral como personal) tenderán a ser aceptadas, implementadas y reconocidas con justeza, reemplazando o complementando instrumentos ciertamente anacrónicos.

Resulta un verdadero despropósito que, por desconocimiento y/o falta de asimilación, tengamos que privarnos de utilizar jurídicamente herramientas –de probada eficacia- para seguir sujetos a anacrónicos instrumentos (como, por ejemplo, una carta documento).

En ese sentido, cualquiera sabe lo dificultoso que, en ocasiones, puede resultar llevar adelante una notificación de, por ejemplo, la sanción a un empleado: domicilios cerrados o que no existen, carteros perezosos, empleados que se escapan, persecuciones con escribanos, dinero que se pierde, demoras y más demoras ante situaciones en principio sencillas.

Imagínese cuán fácil sería si, acuerdo mediante entre empleado y empleador, este tipo de notificaciones pudieran realizarse por correo electrónico.

Y la realidad es que por detrás de la novedosa valoración del correo electrónico como notificación fehaciente, asoman nuevos interrogantes.
¿Qué ocurre, por ejemplo, con el uso del WhatsApp? ¿Alcanzaría el “doble tilde en color azul” para considerar notificada la voluntad de rescindir un contrato? Por ejemplo, ¿Podría rescindir un contrato de alquiler enviando un mensaje de WhatsApp? Sabido es que ese “doble tilde” importa la efectiva lectura del mensaje por parte titular de la línea destinataria ¿Qué diferencia habría entonces con el correo electrónico? Incluso, a priori, el mensaje de WhatsApp parecería darnos mayores garantías ¿Entonces? ¿Podría considerarse a una persona notificada de un despido instrumentado mediante un mensaje de WhatsApp?

Vamos de a poco. Por ahora, un órgano de suma importancia a nivel nacional ha considerado que el correo electrónico –en determinadas situaciones- puede constituir un medio de notificación fehaciente.

Y si bien, mediante dicho criterio se está dejando la puerta entreabierta para que por allí ingresen otro tipo de comunicaciones (como WhatsApp, Facebook, Twitter, etcétera), habrá que respetar los tiempos de nuestros Tribunales y esperar al caso concreto.

En conclusión, esta novedosa decisión ha importado reconocer integralmente y elevar el estatus de una herramienta de comunicación de uso masivo, cuyos alcances jurídicos parecían algo subestimados.

Lo dicho, por un lado, impone la necesidad de comenzar a previsionar el modo de uso y los alcances del correo electrónico en toda relación contractual, y por el otro, supone el desafío en cabeza de la totalidad de los operadores jurídicos de echar mano, implementar en la práctica y validar estas valiosas herramientas tecnológicas que –previamente al pronunciamiento comentado- aparecían marginadas y relegadas al campo de la informalidad.
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