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Actualidad

08/07/15

Cómo producir más y quebrar en el intento

Finaliza un año de producción récord e histórico, donde se superaron las 7 millones de toneladas de granos, pero -sin embargo- quien llevó adelante esa producción está más cerca de quebrar que de seguir produciendo.
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Paralelamente la dirigencia del campo dilapidó el capital social conseguido en 2008 al punto que hoy reconoce en comunicados que “ni siquiera es escuchado por el Gobierno”. Por su parte, el propio Gobierno continúa exprimiendo mediante impuestos y retenciones al sector que fue clave en la economía desde 2003 generando recursos genuinos. Números fríos, análisis caliente y un futuro sin respuestas para el corto plazo.

Se terminó el mejor y el peor año de la agricultura entrerriana. Es así de cierto y así de increíble.

El año agrícola que acaba de finalizar con la cosecha de las últimas hectáreas de maíz de segunda fue el de mayor producción de granos de la historia de Entre Ríos: 7.104.678 toneladas. Fue la primera vez que Entre Ríos supera la barrera de los siete millones y un crecimiento del 10,5% en relación a la producción del año anterior. Ese número incluye la producción récord de maíz y soja en la historia reciente de la provincia. Para seguir hablando de “récords” entrerrianos todavía falta sumar que fue el año donde más se ocupó superficie agrícola, totalizando 2.115.610 hectáreas sembradas. La combinación de producción récord y hectáreas sembradas brindó el último número para la historia, el rendimiento medio de granos por hectárea, que llegó a los 3.358 Kg. (43 kilogramos más que en la del 2009/2010).

¿Qué demuestran estos números, más allá de las estadísticas? Que el productor entrerriano es profesional, sabe lo que hace, entiende e interpreta lo que necesita su campo, y lo lleva adelante optimizando cada recurso en pos de conseguir el mejor resultado productivo que le pueda brindar su tierra.

¿Alcanza para mantener una actividad que requiere de inversiones millonarias y riesgos altísimos (muchos de los cuales no pueden controlar) en cada año? Lamentablemente quedó demostrado que no.

Y entonces llegamos a la segunda afirmación tajante que hicimos en nuestro primer párrafo. Es el peor año del agro después de la década del ’90. Ni siquiera comparable a la crisis de 2008.

Precios bajan, costos suben
Desde el mes de septiembre de 2014 venimos remarcando, en estas páginas y en el programa de televisión, que el productor solo podía soñar con hacer su mejor campaña productiva y esperar los precios para que ese enorme esfuerzo les diera por lo menos un resultado económico neutro, aunque sea. Que no perdiera plata.

La primera parte la cumplió. En la segunda no tuvo la misma suerte.

La depreciación en los precios de los granos fue tan grande que, a pesar de disponer de 675 millones de toneladas más que el año anterior para vender, el valor de la totalidad de la producción entrerriana se desmoronó un 19%. Como lo reflejamos en el CUADRO 2, el valor de esa producción llegó a los $10.595 millones, cuando un año atrás y con un 10% menos de producto, se obtenían $ 13.112 millones. Con esos números podemos llegar a la conclusión que cada tonelada de grano se depreció en $ 443 de moneda nacional.

Si los mismos números los hacemos en dólares estadounidenses la situación empeora aún más. La diferencia del valor de la tonelada de granos es de casi U$S 73.

Demás está decir que mientras los precios internacionales de los granos descendían, los costos de cada insumo, cada impuesto y cada ítem relevante o insignificante necesario para producir los granos, subía por sobre los niveles inflacionarios.

Y las retenciones. No hay que olvidar que fueron introducidas por el Gobierno Nacional con el objetivo de retener y redistribuir en otros sectores sociales parte de la elevada renta agraria que se producía en la década pasada por los altos precios de los commodities.
Los precios cayeron y ya no hay renta, pero sí retenciones. Argentina es casi el único país que castiga a la producción de materias primas a través de las retenciones. El resto del mundo la subsidia.

El coctel no se termina con esos ingredientes. Falta todavía el de la financiación. Tal vez el más importante y delicado de todo el engranaje.
¿Quién financia las campañas? La pregunta tiene la misma respuesta año tras año. La mayor parte fueron cooperativas, acopios privados y empresas locales, transfiriendo a los productores los créditos que reciben de sus proveedores de semillas e insumos. ¿Se cancelaron las deudas totales este año? Definitivamente no y falta mucho para eso.

El productor se viene desfinanciando desde hace ya, por lo menos, tres campañas. Año tras año va poniendo en el siguiente todas sus esperanzas de recuperación, pero en esta última ha comprobado que hay algo que no está funcionando correctamente, porque ni siquiera con buenos rindes pudo ponerse al día y hoy mira su capital como posible solución a sus deudas.

No todos los casos son iguales. Pero este año el problema afecta al pequeño, mediano y gran productor. La gran mayoría quedó con deudas y debe pensar cómo encarar la nueva campaña.

¿Rentabilidad o producción?
El objetivo final de todo negocio es ganar dinero. Y quien no lo entienda, no puede estar tomando ninguna decisión importante.

Sin embargo parece que en los últimos años el productor lo que tiene que hacer es producir más, cueste lo que cueste, gane lo que gane. Y ese modelo no se sostiene más.

Está comprobado que quienes han hecho los mejores negocios en los últimos años son quienes supieron transformar los granos en algo más, antes de salir del campo. Alimentos balanceados, carne de pollo, carne de cerdo, harinas, aceites, biocombustibles, y otra gran variedad de productos que requieren una primera industrialización.

Tal vez una primera respuesta con las presentes reglas de juego sea repensar el negocio agropecuario. Producir y vender granos a granel hoy se ha convertido en un negocio de alto riesgo y baja rentabilidad.

Son decisiones complejas para un productor que lo que sabe hacer es sembrar. Y en eso ya es eficiente.

La dirigencia es quien tiene el principal rol en este momento. La dirigencia sectorial y la dirigencia política. Pero ninguna de las dos ha demostrado estar a la altura de las circunstancias.

La dirigencia sectorial sigue repitiendo fórmulas que no le dieron un solo resultado después de 2008. Ha confrontado al gobierno constantemente. Los únicos logros han sido para beneficios propios y no para el sector, lo que nuevamente los dividió. No ha tenido la capacidad de entender los objetivos del Gobierno, sentarse en una misma mesa y tratar de llegar a acuerdos genéricos para avanzar en las particularidades. Además, lo que había logrado en 2008 de llegar con su mensaje a la sociedad en general lo perdió, y hoy sólo se retroalimenta con su propio sector, como hablándose a sí misma. Así es muy fácil estar de acuerdo.

Por su parte, la dirigencia política regional, ni siquiera se ha dado por enterada que el campo existe. El Ministro de la Producción viaja con espejitos de colores entre comedores de pescado para 50 personas, eternas fábricas de jugos que se construyen durante 6 años y buscando negocios para supuestos inversores chinos en el rubro que sea. Siempre con billetes de baja denominación en los bolsillos para “ayudar a los pequeños productores”. El resto de la política ha estado demasiada ocupada en solucionar su situación laboral para después del 11 de diciembre, por lo que estos temas son ajenos a la agenda.

Futuro lleno de dudas
Lo cierto es que la situación del agro hoy es más que complicada. Los primeros resultados se están viendo con la posible disminución de más del 60% en la superficie con trigo sembrada, un cultivo que va seguro a pérdida. El esquema de costos actual hace inviable la mayoría de los cultivos. Las reglas de juego deben ser repensadas pero no sucederá, al menos, hasta la próxima administración.

Y el productor es el gran olvidado. Es quien pone el lomo todos los días y necesita tomar decisiones hoy para trabajar durante los próximos 12 meses. Tiene que cancelar un pasivo cada vez más importante de las anteriores campañas y conseguir los recursos para financiar la que comienza. ¿De dónde saldrán esos recursos para la compra de semillas e insumos? ¿Quién le va a creer que el préstamo lo podrá devolver en mayo de 2016 con el actual esquema de negocios? Son apenas dos de los interminables interrogantes que tiene la persona que, desde 2003, más ha generado y transferido recursos para que el Gobierno los pudiera disponer libremente.
Una producción de OLEINIZAK
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