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Actualidad

17/11/14

La palabra y los periodistas

Artículo de Roberto Trevesse para la edición nº 22 de la revista X-Más, del mes de octubre de 2014.
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Leí hace tiempo y coincido, que no hay un diploma que decida la existencia del periodista. Es más, un gran periodista puede existir sin haber seguido un especializado curso académico que lo capacite. Es un oficio que responde a cierta vocación humanística en general y a conocimientos de la actualidad en particular. Un manejo natural de ideas, nombres, épocas y lugares, que complemente la habilidad indispensable para expresarse, una comprensión fácil de temas nuevos una capacidad para exponerlos con calidad y un mínimo de brillo.

Al periodismo argentino actual hace tiempo que lo veo muy mal. Sin dudas de los 90 hasta el presente. Nada que ver con el que hacíamos en la década de los 60 y los 70. Dijo una vez el periodista y laureado escritor, Tomás Eloy Martínez (1934-2010) que “parte importante de la culpa la tienen los editores que quieren llegar al éxito del mercado y lo que logran es contribuir al empobrecimiento del lenguaje y esto convive con un empobrecimiento de las ideas”.

También escuché al ex rector de la UBA, Guillermo Jaim Echeverry (1942) que “la educación ya no se propone fortalecer los lazos con quienes nos precedieron…todo hoy tiende a afianzar el presente, la convicción de que el mundo comienza con nosotros y que con nosotros terminará”.

El periodismo político incurre en falsedad cuando en el país son frecuentes no solo las notas pagas sino la cooptación de “profesionales” de la comunicación en propagandistas de una idea, un proyecto o un plan de poder.

La tarea primaria de un periodista es la de informar con honestidad y la tarea secundaria de ese mismo periodista es la de opinar con imparcialidad.

Desde los 90 –y hoy más que nunca- surgió una figura en los medios de comunicación, sobre todo radiales y televisivos que se autodenominó “Trabajadores de Prensa”. ¿Son periodistas aquellos que escriben o expresan en los medios audiovisuales tanto públicos como privados lo que le pide o le ordena su secretario de redacción, su jefe de noticias o su director?

Los periodistas son molestos, incomodan y critican al Poder, no se avienen a directivas precisas, todo lo contrario. Su bien más preciado es señalar lo que ve, lo que escucha, lo que siente, lo que analiza, lo que cree. No lo que le dicen o le ordenan.

Es periodista quien tiene criterio propio y examen de consciencia. No recibe directivas de qué o cuál tema tiene que opinar.

El maestro de periodismo, historiador y ensayista, el bielorruso Ryszard Kapuscinski (1932-2007) resaltó que “los periodistas al estilo clásico son ahora una minoría. La mayoría no sabe ni escribir, en sentido profesional, claro. Este tipo de periodistas no tiene problemas éticos ni profesionales, ya no se hace preguntas. Antes, ser periodista era una manera de vivir, una profesión para toda la vida, una razón para vivir, una identidad”.

A partir de esta premisa quiero decirles que todo lo que ven no es cierto, todo lo que escuchan no es cierto, todo lo que leen no es cierto y que es tanta la información que reciben, que no tienen tiempo de almacenarla y luego clasificarla. En definitiva terminan comentando entre sus amistades o compañeros de trabajo una lamentable mentira.

Hoy la televisión en general, se ha constituido por un lado como una dictadura mediática en la cual se denuncia, se critica, se juzga y se condena con alevosía a una persona que ni siquiera aún fue denunciada en la justicia, por lo tanto no está imputada y mucho menos procesada.

Hasta se podría hablar de las tiranías de la televisión que son la simplicidad y la velocidad que fuerzan a que la noticia no sea ni extensa ni profunda y a que se busque convertirla en espectáculo y entretenimiento.

A esto hay que agregarle que la TV se ha transformado en caja de resonancia inmediata y desmesurada de lo que hoy llamamos las Redes Sociales, donde se ve lo peor de la condición humana escudada en el anonimato.

“Los periodistas nunca deben esconder ni manipular la verdad, no deben venderse al poder, ni a los intereses del medio de comunicación o al de los auspiciantes por un sueldo casi siempre miserable” señaló el maestro de la ética periodística, el colombiano Javier Darío Restrepo (1932).

En realidad hoy esto es casi imposible de cumplir en una importante y casi mayoritaria franja de comunicadores, mal llamados periodistas. Hoy el periodista que trata de mantener su dignidad, está obligado a vender publicidad. Esto implica caminar por una cornisa muy delgada entre lo ético y la subsistencia.

Hoy tenemos un porcentaje importante de periodistas estafetas. La estafeta se contenta con recibir y entregar información, no la procesa, no responde por los contenidos, no la cuestiona, no la reflexiona. Entonces, un periodismo de estafetas es recibir un testimonio de uno y otro sin establecer una comparación. En definitiva es un mandadero y para eso no se necesita formación periodística, sino un buen grabador y punto.

Antes teníamos tres esferas independientes y bien diferenciadas de la comunicación: Información, publicidad/relaciones públicas y cultura de masas, pero en la década del 90 se produjo la fusión de las tres esferas, pero con un notorio predominio de la publicidad.

Esta comunicación publicitaria privilegia tres cualidades: rapidez (fragmentos cortos), sencillez (máxima comprensión) y diversión (distracción). Cuando todo esto se logra y se repite sistemáticamente, se transforma en la infantilización de los mensajes.

Podríamos preguntarnos cómo y qué es la información en la actualidad y en esto concuerdo totalmente con la doctrina del periodista nacido en España, radicado en Francia, Ignacio Ramonet (1943), quien sostiene que a partir de vivir en un mundo altamente globalizado, hoy la información es el quinto elemento del planeta.

Antes de la era tecnológica, para vivir necesitábamos del agua, del aire, del fuego y de la tierra, ahora no podríamos vivir si nos falta la información. La información hoy por hoy es el quinto elemento del planeta. Es sobreabundante, porque es global y casi gratuita. Tiene velocidad, ya que es instantánea y al mismo tiempo, no da margen de verificar en la información, su veracidad y su real importancia.

Debemos transformarnos en ciudadanos, para lo cual hay que capacitarse, conocer nuestros derechos, nuestras obligaciones, nuestras leyes, nuestra constitución, involucrarnos, ser participativos, exigirles a nuestros representantes a gobernar para el pueblo, para la sociedad, recordarles que la democracia no es para que la dirijan unos pocos.

La única manera de contrarrestar los abusos del poder ejecutivo (decretos de necesidad y urgencia por doquier), del poder legislativo (delegación de sus facultades primordiales y estar más ocupados en repartir que en legislar), del poder judicial (en mora y prescripción de causas), y del poder mediático de peso excesivo (tanto público como privado, y con graves excesos de manipulación de la información), es con la participación activa de cada uno de nosotros desde nuestro lugar de trabajo, capacitándonos en una cultura cívica que nos permita modificar esta realidad.

“En la Argentina, la democracia republicana no funciona hoy, pero tampoco funcionó ayer o antes de ayer” dijo en 2004 el periodista Julio Nudler (1941-2005).

Sobre el particular y también hace 10 años, el historiador e intelectual francés Pierre Rosanvallon (1948) destacó que “la vida de la democracia es cada vez más frágil. El sistema está tironeado entre un elitismo que escamotea la representación y un populismo que idealiza a la gente”.

El desafío de la democracia no es aceptar al que piensa más o menos como uno, sino convivir con el que piensa diferente.

Los cambios que anhelamos no se logran casi nunca a través de un diálogo entre sordos o entre ilustrados e ignorantes. Tampoco con un pueblo entretenido en su propia subsistencia y dedicado a los chismes mediáticos debido a la farandulización de los medios de comunicación.

Por eso, el 90% de los llamados periodistas entrerrianos o no se da cuenta o no acepta la responsabilidad de ejercer en plenitud el ejercicio de brindar información correcta, imparcial, generar opinión intelectualmente honesta y formar ciudadanos que nos permita tener una Provincia y un País con una elevada cultura cívica, una democracia republicana y de respeto a los valores esenciales de la vida.
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