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Actualidad

28/07/14

"La política está devastada por la corrupción", advirtió el Papa Francisco

Por Roberto Trevesse, para la revista X-Más - “Es más fácil engañar a la gente que convencerla que ha sido engañada” Mark Twain (1835-1910)
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La frase la expresó el Papa este domingo 29 de junio en una entrevista concedida al diario italiano Il Messaggero. La destaco porque lo sabemos todos, pero no hacemos nada o casi nada para cambiar nuestra propia realidad. Sigue siendo más cómodo mirar para el costado.
El Papa reconoció que los dirigentes de todo el planeta están "desacreditados" por el "fenómeno de los sobornos". Luego advirtió que "No digo que sean todos corruptos, pero creo que es difícil permanecer honestos en política".

Si bien se refirió a todo el planeta, considero que -sin temor a equivocarme- sus declaraciones están dirigidas en particular a la Argentina aunque otros me digan lo contrario.

Luego mencionó que "El problema de hoy es que la política está desacreditada, devastada por la corrupción, el fenómeno de los sobornos. La corrupción es por desgracia un fenómeno mundial. Hay incluso jefes de Estado que se encuentran en la cárcel por ello".

El Papa advirtió que "el corrupto no tiene amigos, sólo cómplices" y, pese a reivindicar la función política, sostuvo que "si no hay servicio en la base, no se puede entender la identidad de la política".“A veces es como si algunas personas estuvieran fagocitados por un fenómeno endémico, a diferentes niveles, transversal", subrayó.

Francisco dijo que "tantos malos crecen" en momentos de "cambios de época" como el que vive hoy el mundo, porque son momentos en los que se "alimenta la decadencia moral, no solo en política sino también en la esfera financiera o social".

Vale recordar una frase de Pierre-Augustín Caron de Beaumarchais, dramaturgo francés (1732-1799), quien señaló en el Siglo XVIII que “Fingir ignorar lo que se sabe, fingir saber lo que se ignora, parecer profundo cuando no hay más que vacuidad, representar el papel de un personaje: he ahí la Política”.

Por otro lado, muchos–aunque se saquen la foto con el Papa- todavía piensan como el filósofo y militar alemán (1780-1831) Carl von Clausewitz, quien manifestó que la concepción de “la política es la continuación de la guerra por otros medios” y viceversa.

La abogada Alicia Pierini escribió hace poco que se los reconoce por el lenguaje: luchar, combatir, no negociar.

Coincido con ella también, en que otras son las palabras de la política democrática: proyectar, concertar, construir.

Por eso la insistencia en la confrontación continua no permite desarrollar la fuerza que se requiere para construir una democracia sana y justa para los argentinos.

Pasamos de la bipolaridad política y económica internacional a un nuevo orden mundial, producto de la revolución tecnológica que nos llevó a la comunicación digital instantánea y global, generando una nueva forma de producción y consumo, de inequidades y violencias; sin olvidarnos de la grave situación del cambio climático y degradación del ecosistema.

Por eso, debemos comprender que la democracia no es un desastre ni cualquier cosa, sino que debemos convivir dentro de cauces racionales para minimizar la áspera conflictividad humana. El diálogo y el respeto son esenciales para la salud del estado de derecho, evitando el desorden y las agresiones para impedir una conversión regresiva en cuanto a lo que entendemos como libertades democráticas.

Está claro que en democracia los conflictos existen, pero deben ser –siempre- dentro del marco de la Constitución y las Leyes.

Mientras tanto el colega y amigo, Mario Alarcón Muñiz en un tramo de su columna dominical de este 29 de junio en el diario “El Día” de Gualeguaychú, se refirió a si rige la libertad de expresión en nuestro país, aspecto sustancial para la vigencia de una democracia plena. Él, destaca que en los parámetros clásicos sí, perohoy para censurar a la prensa “Los métodos son otros. En la actualidad consisten en cercar al medio o al periodista de diferentes formas, principalmente económicas, para que calle lo que el poder cree que debe callar o aplauda a rabiar lo que el poder cree que debe aplaudir. Apriete, que le dicen. El condicionamiento a los medios y a los periodistas a través de la pauta de publicidad oficial o de ciertas ventajas de diversa índole y la presión al medio para que se desprenda de periodistas “indeseables”, son las más habituales mordazas del nuevo tiempo”.

Mientras tanto, les recuerdo que en la Argentina, más del 45 por ciento de la población mayor de 18 años recibe en forma directa y mes tras mes ingresos que provienen del Estado, lo que incluye subsidios de los más variados.

Lamentablemente, muchos de nuestros dirigentes y de quienes consienten manejos espurios destinados a asegurarse prebendas y puestos a costa de todos los ciudadanos pierden de vista el enorme perjuicio que ello causa al conjunto de los argentinos y al país mismo.

Soy de los que cree que la incorporación del cargo de Jefe de Gabinete en la reforma constitucional de 1994 fue un fracaso, ni siquiera cumple con su rol formal para lo cual fue creado. Esperaba en aquél entonces la aprobación de un sistema parlamentario. Pero debo reconocer que es atendible los que piensan que “por más que se realice una reforma constitucional para establecer una forma parlamentaria de gobierno, si los protagonistas son los mismos que teníamos en el presidencialismo y continúan manteniendo las ideas y formas de desenvolverse en la vida política que antes, lo más probable es que en lugar de ser ellos trasformados por la practica parlamentaria, terminen adaptando al nuevo sistema para que sea funcional a sus viejas costumbres”.

No obstante el presidente Raúl R. Alfonsín, a favor de una reforma de tipo parlamentaria, comentó en su momento: "Está a la vista lo que sucede en un presidencialismo hegemónico, los órganos de la administración desarrollan una tendencia a eludir la intervención parlamentaria y suelen ser extremadamente parcos a la hora de rendir cuentas".

El profesor Néstor P. Sagüés, indica en uno de sus trabajos que antes de pensar la alternativa parlamentaria "hay que preguntarse sobre la aptitud del Congreso para asumir los roles que impone el parlamentarismo: si este ha sido inepto para asumir los de un sistema presidencialista (por morosidad, carencia de aptitudes para tomar decisiones razonables, abdicación de sus competencias, corrupción, falta de calidad y cultura de sus miembros), tal comportamiento es un mal presagio para la adopción de un régimen parlamentario, ya que este no hace milagros, y no puede mágicamente, transformar un Congreso presidencialista ineficiente en uno que funcione correctamente en un esquema parlamentario".

De acuerdo con lo dicho anteriormente, se podría optar por un sistema de gobierno de tipo semipresidencial como recomienda Giovanni Sartori, con el objetivo de quitarle personalismo al Poder, vigorizar el Congreso y reducir a términos aceptables la falta de trasparencia y el exacerbado populismo que vive la Argentina.
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