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Actualidad

29/05/12

Argentina y la sustitución de importaciones

El presente artículo apunta a incorporar algunos elementos para el análisis de medidas adoptadas por el gobierno, atinentes sobre todo al campo económico y particularmente en torno a las restricciones a la importación de diferentes bienes.
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Artículo especial de Gustavo Tarragonal - Director del Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Facultad Teresa de Avila - UCA Paraná, para el número de abril de la revista "X-Más".

Sostengo que una reflexión en este sentido debe, para hacerse más rica, incorporar necesariamente una lectura sobre el contexto internacional, en la medida en que estamos en una etapa del desarrollo capitalista caracterizada como globalización.

Una primera dimensión a considerar en este proceso es el poblacional, esto es, del futuro de la humanidad y del planeta tierra. Si para 1925 existían 2.000 millones de seres humanos, 50 años después ese número se duplicó y para el año 2000 éramos más de 6.000 millones de personas. Se fueron agregando hacia fines del milenio alrededor de 85 millones por año. Los mejores pronósticos nos hablan de 9.000 millones de seres humanos para mediados de este siglo XXI.

Analizando las más de 190 naciones que componen la ONU, se pueden distinguir al menos tres tipos diferentes de perfiles demográficos: a) países en los que hay aumentos grandes, rápidos y continuos de la población (África, Medio Oriente, Haití, Arabia Saudita, Irán, Yemén, Pakistán); b) países en donde la población se encuentra en absoluta declinación (Italia, Grecia, Alemania, Ucrania, Rusia); países con futuro demográfico medio, donde no se advierte un crecimiento rápido pero tampoco una reducción seria de la población (Gran Bretaña, Irlanda, Nueva Zelandia, Australia, Canadá, EE.UU.). En este último grupo se encuentra la Argentina.

Una segunda dimensión en este contexto global se relaciona con el surgimiento de un mundo multipolar. Antes de la Segunda Guerra Mundial había varias potencias: Gran Bretaña, Japón, Alemania, Estado Unidos. Al finalizar dicha contienda, ese número se redujo a sólo dos grandes potencias, lo que llamaríamos un mundo bipolar. Con el colapso de la ex URSS, algunos especialistas hicieron referencia a un mundo unipolar, con sede en Washington. Sin embargo, los últimos veinte años muestran una nueva lógica: la de la multipolaridad. La misma se expresa en el resurgimiento de la Rusia de V. Putin y la emergencia de nuevos colosos como la China y la India.

En China encontramos que su PBI crece todos los años a tasas entre un 9 y un 11 % anual, lo que significa que cada siete años el PBI de este país se duplica. Por lo tanto, muchos chinos salieron de la pobreza, muchos otros se convirtieron en empresarios.

En cuanto a la India, hay un crecimiento en varios planos: la industria de servicios, la electrónica, software, autos, camiones, industria aeroespacial, cohetes y barcos. Se ha ido conformando allí una clase media muy importante y también muy nacionalista.

Por otro lado, este mundo multipolar se manifiesta en la existencia de unos de los espacios supranacionales más complejos: la Unión Europea.

Ninguno de los actores antes mencionados puede ser dominado por los Estados Unidos. Este país ya no es tan desafiante como era al principio de la década de los ´90, tiene muchas dificultades para lograr influir incluso en los países más pequeños.

Una tercera dimensión del análisis es la economía global per se. No solamente en los estados milagrosos del sudeste asiático, en las provincias costeras de China, en la India sino que incluso hay economías de países africanos que han logrado un crecimiento significativo. Pero, lo que muchos se preguntan es si este desarrollo va a continuar o si la economía mundial está apuntando hacia la recesión. Hay pruebas de turbulencias en los mercados, la cantidad de dinero que entra y sale del mercado del dólar, el flujo de inversiones, la incertidumbre sobre la viabilidad de ciertos bancos.

Por otro lado, para muchos especialistas el dólar está subvaluado. Su valor debería ser superior en términos de poder adquisitivo. Hay países del Medio Oriente que han solicitado el pago de las exportaciones no en dólares, sino en otras monedas.

A esta situación, hay que agregarle tres problemas más: el alimentario, el energético y el ambiental.

¿Qué pasa con estas cuestiones en América Latina en general y Argentina en particular?

La región tiende a ser cada vez más importante en términos de materias primas, en alimentos, en minerales y en cuestiones energéticas. Basta señalar que el tercer y cuarto proveedor de petróleo de Estados Unidos son México y Venezuela.

Ahora bien, y retomamos entonces nuestra consideración inicial, la región ha perdido gravitación en la economía mundial. Algunos indicadores así lo demuestran: el porcentaje del PBI de la región en el producto global medido a precios corrientes descendió de 6,8 % en 1980 a 3,9 % en 2007, mientras que y según el FMI, en el caso del Asia emergente, ese porcentaje fue del 20%. Hoy la economía de la región pesa a escala mundial mucho menos que hace 20 o 30 años.

Otro punto a considerar está relacionado con las divisiones y las fracturas de la región, que impiden que tenga una sola voz, que podamos pensar seriamente en un proyecto estratégico común.

Por su peso relativo, por la calidad de sus liderazgos, por su tamaño, países como Brasil, México o Chile se están adaptando bien al proceso de globalización. Hay otros países que tienen oportunidades extraordinarias como Venezuela o la Argentina. Pero, y a modo de conclusión no definitiva, podríamos plantear ciertas dudas en torno al modo en que nuestro país está hoy (decisiones políticas y económicas mediante) aprovechando las oportunidades que ofrece la globalización.

En lo que podríamos denominar como el nuevo paradigma del siglo XXI, que es el paradigma de la organización, parece que va a pasar lo mismo que pasó con el paradigma anterior, aquél que tuvimos durante 50 años y que llamamos el “modelo de sustitución de importaciones”: fue aprovechado por algunos países y por otros no. Es de desear que la Argentina logre integrar el grupo de los primeros.
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